Definiendo lo emocional y lo espiritual
- Gabriel Miyar

- 16 jun
- 2 min de lectura
«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.»
— Marcos 12:30
El tema que comenzamos antier gira en torno a la realidad de que no podemos lograr un espiritualidad sana, si nuestras emociones no están sanas. Entonces hablemos de lo que significa una vida emocional sana y luego definiremos lo que significa una espiritualidad vibrante.
La salud emocional tiene que ver con lo siguiente:
• poder nombrar, reconocer y manejar nuestros propios sentimientos;
• identificarnos, con los demás y demostrarles compasión activa;
• iniciar y mantener relaciones cercanas y significativas;
• escapar de los patrones auto destructivos;
• estar muy conscientes de cómo nuestro pasado impacta nuestro presente;
• desarrollar la capacidad para expresar nuestros pensamientos y sentimientos, con claridad, de manera verbal y de manera no verbal;
• respetar, y amar a los demás, sin tener que cambiarlos; pedir lo que necesitamos, queremos o preferimos de una manera clara y directa, pero con respecto;
• evaluar con exactitud nuestras fortalezas, límites y debilidades, y poder compartirlos libremente con los demás;
• aprender la capacidad para resolver el conflicto de una manera madura y negociar soluciones que consideren las perspectivas de los demás;
• distinguir y expresar de manera apropiada a nuestra sexualidad y sensualidad;
• saber hacer duelo de una manera correcta.
¿No te gustaría disfrutar de esta clase de salud emocional? Por otro lado, las prácticas clásicas del espiritualidad tienen que ver con lo siguiente:
• despertar al amor de Dios y rendirnos a éste en cada situación;
• posicionarnos donde podamos escuchar a Dios, y recordar su presencia en todo lo que hacemos;
• tener comunión con Dios, permitiéndole habitar, completamente en la profundidad de nuestro ser;
• practicar el silencio, la soledad y la vida de constante oración;
• poder descansar, permaneciendo atentos en la presencia de Dios;
• entender nuestra vida terrenal, como una travesía de transformación a una unión cada vez mayor con Dios;
• hallar la verdadera esencia de lo que somos en Dios;
• amar a los demás, a partir de una vida de amor por Dios;
• desarrollar un ritmo de vida balanceado y armónico, que nos permita estar conscientes de lo sagrado de la vida entera;
• adaptar las prácticas históricas de la espiritualidad que aplican hoy en día;
• permitir que nuestras vidas cristianas sean formadas por los ritmos del calendario cristiano, en lugar de la cultura;
• y vivir dentro de una comunidad comprometida que ama apacionadamente a Jesús por encima de todas las cosas.
La combinación de salud emocional y espiritualidad clásica cubren la parte faltante en el en el cristianismo contemporáneo. Juntas desatan el poder del Espíritu Santo dentro de nosotros para que podamos conocer en la experiencia el poder de una vida auténtica en Cristo.

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