Decir “no” Fortalece Nuestro Propósito
- Robbie Rembao
- 2 jul
- 2 min de lectura
El domingo conté esta historia en mi mensaje, cuando la leí hace unas semanas hizo algo dentro de mi.
Había un hombre que, después de años, finalmente descubrió el propósito de su vida. Sabía exactamente hacia dónde tenía que ir y emprendió su camino. Mientras cruzaba un puente, un desconocido le pidió que sostuviera el extremo de una cuerda. En cuanto la tomó, el hombre saltó del puente. “¡No la sueltes!”, le gritó. “Mi vida está en tus manos.”
El hombre hizo todo lo que pudo. Intentó subirlo, buscó una solución y después de intentar de todo sin éxito le dijo: “Yo hago mi parte, pero tú tienes que hacer la tuya. Empieza a subir y yo te ayudo”. Pero el otro se negó. Después de horas sosteniendo la cuerda, entendió algo: si seguía ahí, nunca llegaría al lugar al que tenía que ir. Entonces el hombre le diijo: “No aceptaré seguir tomando toda la responsabilidad de tus decisiones en tu vida. Tú decidiste saltar de ese puente y tú decides no hacer el esfuerzo de subir. Si tú decides eso no me quedará otra opción más que aceptar tú decision. Esa responsabilidad vuelve a ser tuya.” El otro intenta hacerlo sentir culpable: “¡Qué egoísta eres! ¡Mi vida depende de ti!”
Pero el hombre del puente entendió algo: que no puede asumir una responsabilidad que nunca le correspondió. Finalmente dice: “Acepto tu decisión.” Y con lagrimas rodando por sus mejillas suelta la cuerda para continuar el camino al que Dios lo había llamado.
No era que no le importara el hombre. Era que estaba cargando una responsabilidad que nunca le correspondió. Creo que muchos vivimos así. Nos cuesta decir que no. Pensamos que amar es resolverle la vida a todos. Que ser buenos cristianos significa estar disponibles para todo y para todos. Pero muchas veces terminamos cargando cuerdas que Dios nunca nos pidió sostener.
Y cada cuerda que tomamos nos roba tiempo, energía y enfoque para aquello a lo que Dios sí nos llamó. Jesús entendía esto mejor que nadie. Marcos 1:35-38 nos cuenta que después de un día lleno de milagros, sus discípulos llegaron con una noticia que cualquiera de nosotros habría visto como una gran oportunidad: “Todos te están buscando”. ¿Qué respondió Jesús? “Vayamos a otros lugares a predicar y ayudar… porque para eso he venido.”
Me impresiona eso.
Jesús dejó personas sin sanar. No porque no las amara, sino porque sabía que decir “sí” a todo lo bueno lo habría distraído de lo que el Padre quería. Él vivía guiado por el propósito del Padre, no por la presión de las expectativas de la gente.
Quizá hoy necesitas recordar esto: cada vez que dices “NO” a lo que Dios NO te pidió, fortaleces tu “SÍ” a lo que Él sí puso en tus manos.
Tu familia necesita ese “sí”. Tu llamado necesita ese “sí”. Tu relación con Dios necesita ese “sí”.
Porque al final, los límites no son un castigo. Son un regalo. Y a veces, la decisión más espiritual que puedes tomar no es decir “sí” a una oportunidad más, sino decir “no” para permanecer fiel al propósito que Dios te dio.

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