De la Abundancia del Corazón...
- Daniela Orozco

- 13 nov 2025
- 2 Min. de lectura
»Un buen árbol no puede producir frutos malos, y un árbol malo no puede producir frutos buenos. 44 Al árbol se le identifica por su fruto. Los higos no se recogen de los espinos, y las uvas no se cosechan de las zarzas. 45 Una persona buena produce cosas buenas del tesoro de su buen corazón, y una persona mala produce cosas malas del tesoro de su mal corazón. Lo que uno dice brota de lo que hay en el corazón. Lucas 6:46-45 (NTV)
Esta semana hemos estado hablando de la importancia de cuidar nuestro corazón para poder ejercer un liderazgo que honre a Dios y pienso que es probable que tengamos dudas respecto a cómo analizar nuestro propio corazón. Incluso la Biblia nos dice que nuestro corazón es engañoso, es decir, es difícil poder reconocer si nuestro corazón está sano.
Una manera en la que podemos auto-analizar nuestro corazón es poniendo atención a la manera en la que hablamos. Según Lucas, nuestras palabras son un reflejo de lo que hay en nuestro corazón, así que, si nuestro corazón está bien enfocado en Dios y es saludable, entonces nuestra manera de hablar va a reflejarlo. Por lo tanto, la mayoría de las cosas que hablamos serán buenas, como agradecimiento, bendiciones, alabanzas, también serán palabras amables, que edifican, consuelan, exhortan en amor y contribuyen al bienestar de los que nos rodean.
Por el contrario, si nuestro corazón no anda muy bien, nuestras palabras serán malas. Esto sí incluye groserías, pero también quejas constantes, crítica, juicio, maldiciones, palabras hirientes, que destruyen y que provocan el malestar de las personas a nuestro alrededor.
Esto es crucial en el liderazgo porque en cualquier lugar donde ejerzamos influencia tenemos el poder de usar nuestras palabras para edificar o para destruir. Un líder según el corazón de Dios entiende el poder que hay en sus palabras y tratará de utilizarlas para bendecir a las personas que lidera. Así que considero que vale la pena hacer un alto y reflexionar acerca de cómo suelen ser tus palabras y qué reflejan de tu corazón. Si te das cuenta de que tus palabras necesitan mejorar, de manera que también tu corazón, puedes pedirle a Dios que limpie tu corazón y te ayude a liderar con un corazón limpio.
«Señor, gracias porque nos has dado la capacidad de influir en otras personas, ayúdanos para hacerlo con un corazón limpio.»

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