Cumpliendo Nuestro Propósito
- Daniela Orozco

- 29 ago 2025
- 2 Min. de lectura
Como no se dejaba convencer, desistimos, exclamando:
—¡Que se haga la voluntad del Señor!
Después de esto, acabamos los preparativos y subimos a Jerusalén. Hechos 21:14-15
Encontrar que tu vida tiene un propósito grande, algo que va más allá de tu beneficio personal y que tiene implicaciones eternas, es algo que te llena tanto de gozo que estás dispuesto a enfrentar las dificultades para cumplir ese propósito.
En el caso de Pablo, esta dificultad era muy grande, pues él sabía que cuando fuera a Jerusalén iba a sufrir mucho, pues sería arrestado, con todo lo que eso implica (golpes, vergüenza, hambre, etc.) Sin embargo, Pablo había descubierto que el propósito de su vida era predicar el mensaje del Evangelio en lugares donde no se había predicado y a personas que no eran judías y él entendía que el sufrimiento que estaba por vivir valía la pena, pues estaba rescatando a miles de personas de una eternidad sin Dios.
En nuestro caso, es muy poco probable que alguno de nosotros termine siendo encarcelado por predicar el Evangelio. Pero sí hay algunas dificultades que enfrentaremos por cumplir el llamado que Dios nos ha dado. Pienso que es muy importante reconocer esta verdad, pues si esperamos que todo sea fluido y libre de dificultades cuando servimos a Dios, muy pronto vamos a terminar desilusionados.
De hecho, hay estadísticas que revelan que un gran porcentaje de personas que creen en Dios se alejan de Él y de la Iglesia cuando sufren dificultades, pues esperaban que al entregar sus vidas a Dios y aún más al servirlo, estarían inmunes al sufrimiento.
Esto no es así, Dios no nos ha prometido una vida libre de sufrimiento, pero sí nos ha prometido que el sufrimiento tiene un propósito y que Él estará con nosotros todo el tiempo, ayudándonos a enfrentar cualquier situación.
Podemos ver esto en la vida de Pablo, pues en medio de toda la persecución que vivió, siguió predicando, pues él sabía que Dios estaba de su lado y seguramente sentía el consuelo que da el Espíritu Santo a sus hijos. De esta manera, Pablo continuó con la proclamación del Evangelio, dejando un legado que nos impacta ahora, después de siglos.
«Señor, que podamos descubrir nuestro llamado y vivir con propósito, enfrentando cada dificultad confiados en Ti. Amen.»
Lectura bíblica:
Hechos 21

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