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¡Crédito!

Foto del escritor: Gabriel Miyar
Gabriel Miyar
hace 5 días
2 min de lectura

El domingo dijimos que Dios no solamente cancela por completo nuestra deuda y limpia nuestra cuenta de la deuda moral que teníamos con el dejándola en ceros. Ya no le debemos nada. —No sé tú, pero a mí, ya con algunos añitos encima, eso me llena de un gran alivio. Porque no solamente habla de nuestros pecados pasados, sino también, de nuestros pecados futuros. De hecho, mi papá solía decir cuando todavía le funcionaba el hámster: “Cuando Cristo murió hace 2 mil años, todos nuestros pecados eran futuros.”


Entonces, Dios no solamente cancela por completo nuestra deuda, sino que llena nuestra cuenta de crédito. En dos sentidos.


Primero, quiere decir que después de conocer a Cristo y recibir su perdón absoluto, todavía vamos a necesitar de más perdón. Porque no vamos a dejar de cometer pecados. Así que siempre vamos a estar necesitando su perdón. Gracias a Dios, él ha llenado nuestra cuenta de gracia, de tal manera que alcanza para cubrir también todos nuestros pecados presentes y futuros. Eso no significa que nuestro pecado no importe. Importa. Muchísimo. Pero significa que Dios sabe que volveremos a pecar y que necesitaremos su Gracia y su perdón, una y otra vez.


Dios Padre llena nuestra cuenta de la incalculable riqueza de su Gracia —“para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramó sobre nosotros en Cristo Jesús.” (Efesios 2:7, NVI). Ya no sucede que cada pecado personal ponga nuestros libros en rojo. La sangre de Cristo garantiza que cuando Dios lee mis libros, siempre están en números negros.


Si alguien se quiere aprovechar de esto para darle vuelo a la hilacha descaradamente, se va a poner en una posición insostenible y pondrá en juego el fluir de la Gracia de Dios hacia su vida, como hicieron los Gálatas en tiempos de Pablo.


En Segundo lugar, al no solamente poner mi cuenta en ceros, quitando todas mis obras malas, sino llenarla de crédito, la ha llenado con las obras buenas de Jesús, y yo, por fe, soy tratado ¡como si yo mismo las hubiera hecho! En este Gran Intercambio Jesús recibe mi maldad, yo recibo su perfecto historial.


Cuando Efesios 2:10 dice que “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús, para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas (RV’60),” nos revela que toda buena obra que nosotros podamos realizar ya está en Cristo, y la realizamos en la justicia y rectitud de Cristo, no en la nuestra propia. No lo hacemos porque somos buenas personas, lo hacemos porque Cristo lo hace en nosotros.


Por lo tanto, señor, sigo perseverando en asimilar todo el significado de tu gracia, gozándome en la incalculable, riqueza de gracia que, en tu bondad, has derramado sobre mí. Abre mi mente y mi corazón, para poder asimilarlo y traducirlo en una vida agradable a ti. Amén.

 
 
 

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