Consumismo
- Robbie Rembao
- 9 feb
- 2 min de lectura
Tenemos a un hombre en Lucas 12 que, después de haber tenido una cosecha gigante, no tiene dónde guardarla. Entonces decide construir graneros más grandes para poder acumular ahí su riqueza y dejar de preocuparse. Jesús termina la parábola diciendo que el corazón de este hombre está muy lejos del corazón de Dios, porque solo está enfocado en proveerse a sí mismo lo que cree necesitar. Lo impactante es que Dios le dice que esa misma noche morirá, y nada de lo que acumuló se irá con él.
Esto me suena mucho a la manera en la que alguien empieza a dirigirse hacia ese lugar, y creo que así comenzó el joven rico en Marcos 10. Este joven le preguntó a Jesús qué debía hacer para heredar la vida eterna y, después de una conversación en la que Jesús le dice que debe vender todo y darlo a los pobres para seguirlo, el joven no encuentra la voluntad para hacer algo semejante y se va triste.
Lo que más me impacta es que Jesús no le insistió. Y es que cuando tú y yo decidimos, vez tras vez, rechazar a Dios y vivir una vida consumista fuera de Su voluntad, enfocándonos solo en lo material, Dios se ve obligado a darnos su trato más duro: abandonarnos a nuestra necedad y dejarnos hacer las cosas tal como nosotros queremos. Eso es lo peor que nos puede pasar como creyentes.
Vivimos en un mundo donde “más” siempre parece “mejor”. Desde el Edén, donde ya había abundancia pero se deseó más, hasta hoy, donde acumulamos dinero, seguidores, experiencias, objetos y pantallas. No todo eso es malo. El problema aparece cuando aquello que Dios nos da ocupa el lugar que solo Dios debería tener. La idolatría moderna no siempre se arrodilla frente a una estatua; muchas veces se esconde en carritos de compra, ofertas irresistibles y deudas normalizadas.
Jesús no quiere cancelar tu cuenta de Amazon ni romper tu tarjeta de crédito. Él quiere tu corazón. Quiere que vivas ligero, libre, con la mirada fija en Él. Porque tanto la escasez como la abundancia pueden distraernos. El verdadero peligro no es tener cosas bonitas, sino construir graneros tan grandes que ya no necesitamos a Dios.
Después de analizarlo durante un tiempo y preparar el mensaje de este domingo, pude pensar en cuatro cosas que nos pueden servir como filtro para saber si estamos en el momento correcto para comprar algo que va más allá de una necesidad. Te las dejo aquí y ojalá puedan servirte como una guía sabia para disfrutar la provisión de Dios en tu vida, haciéndolo dentro de Su voluntad:
1. ¿Dios es primero en tu vida? (diezmo / generosidad)
2. ¿Tienes cero deudas por consumo? (la casa está bien)
3. ¿Vives por debajo de tu ingreso? (no vives al día)
4. Si respondiste “sí” a las anteriores, elige lo que quieres, espera unos días y luego cómpralo si aún lo anhelas.
"Primero, Señor, ayúdame a no mentir jamás. Segundo, ¡no me des pobreza ni riqueza! Dame solo lo suficiente para satisfacer mis necesidades. Pues si me hago rico, podría negarte y decir: «¿Quién es el Señor?». Y si soy demasiado pobre, podría robar y así ofender el santo nombre de Dios." Proverbios 30:8-9 NTV

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