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Consolados para consolar

  • Robbie Rembao
  • 18 ene
  • 2 Min. de lectura

Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Dios es nuestro Padre misericordioso y la fuente de todo consuelo. Él nos consuela en todas nuestras dificultades para que nosotros podamos consolar a otros. Cuando otros pasen por dificultades, podremos ofrecerles el mismo consuelo que Dios nos ha dado a nosotros. Pues, cuanto más sufrimos por Cristo, tanto más Dios nos colmará de su consuelo por medio de Cristo. Aun cuando estamos abrumados por dificultades, ¡es para el consuelo y la salvación de ustedes! Pues, cuando nosotros somos consolados, ciertamente los consolaremos a ustedes. Entonces podrán soportar con paciencia los mismos sufrimientos que nosotros. Tenemos la plena confianza de que, al participar ustedes de nuestros sufrimientos, también tendrán parte del consuelo que Dios nos da. 2 Corintios‬ ‭1‬:‭ 3‬-‭7‬ ‬‬


Dicen que solo existen dos tipos de personas: las que están pasando por sufrimientos y las que van a pasar por ellos. Y aunque no esta declaración no tiene nada de profundidad ni brillantez, sin duda es verdad.


En esta oración de Pablo podemos entender cosas muy importantes acerca del sufrimiento. Lo que he aprendido es que el sufrimiento en la vida de un cristiano puede convertirse en un súperpoder y no en una debilidad, pero solo cuando lo llevamos a los pies de la cruz. Ahí es donde sucede el intercambio más grande que existe: dolor y su

frimiento transformados en propósito y gozo.


En estos versículos se menciona más de una docena de veces alguna forma de la palabra consuelo, conectando el sufrimiento que vivimos en este mundo con la manera en que, a través del consuelo que viene de Dios, nuestras dificultades adquieren propósito. John Stott dice que este pasaje redefine lo que significa ser consolados como “una participación consciente en la obra redentora de Dios”. Y es que el consuelo de Dios no elimina el dolor; lo redime y nos conecta con el sufrimiento de Cristo.


La palabra griega que se usa aquí es paráklesis, y su significado va mucho más allá de un simple alivio emocional que nos evita el dolor. Se trata de un fortalecimiento interior, acompañado de la hermosa y constante presencia de Jesús.


Todo esto cobra aún más sentido cuando leemos a Pablo decir que Dios nos consuela para que nosotros podamos consolar a otros. En realidad, es Dios consolando a través de ti y de mí. ¡Eso le da propósito a cualquier experiencia dolorosa que hayamos atravesado en esta vida!


En este tiempo de ayuno, puedes tomar un momento para ir delante de Dios y permitirte ser consolado por Él. Como dice Tim Keller, el consuelo de Dios no llega para aislarnos, sino para enviarnos. Dios no desperdicia el dolor de ninguno de sus hijos; lo usa para llevar Su consuelo a otros. No permitas que el dolor que te llevó al suelo sea lo que impida que Dios te levante.

 
 
 

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