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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Como me Ve Dios

La mayor parte de una familia está en mi clase de Salmos en el instituto. Se trata de Julio, Esmeralda y German, el hijo de Esmeralda que vive con ellos. Esmeralda era viuda y tenía tres hijos cuando se casó con Julio en 2010 para formar un hogar kintsugi (ver mi reflexión del 9 de octubre), Itzel, Antonio y Germán.


En mi clase yo les dejo a mis alumnos de segundo grado que lean un salmo consecutivo todos los días. Les pido que interactúen con cada salmo que les toca y vean como dicha Escritura responde o se anticipa a lo que están viviendo durante la semana. Luego, en la clase les pido que me comenten qué fue lo que más se relacionó con sus vidas esa semana. Siempre tenemos resultados sorprendentes, pero el martes 17 de octubre que nos tocaba comentar los salmos que van del 43 al 49, Julio y Esmeralda nos contaron la siguiente historia. A Julio le Impactó el Salmo 45:


“Por un lado, sin afán de ser pretencioso —nos dijo Julio— tomo este salmo como una respuesta a un par de preguntas que le había hecho a Dios buscando me revelara su respuesta. Para dar contexto de forma resumida, durante toda mi vida he batallado con el tema del rechazo y la búsqueda de aceptación, tal vez todo relacionado con la autoestima. Por ello, mi primera pregunta era, quiero verme como tú, Dios, me ves. ¿Cómo me ves tu? Al leer el Salmo obtuve mi primera respuesta:


«2 Tú eres el más apuesto de los hombres; tus labios son fuente de hermosas palabras, ya que Dios te ha bendecido para siempre." ...7 Tú amas la justicia y odias la maldad; por eso Dios, tu Dios, te ungió con aceite de alegría, te prefirió a ti por encima de tus compañeros.»


Bastante “chiveado” y superando fuertes cuestiones de inseguridad, Julio nos dijo que sintió que esta era la forma en la que Dios lo veía.


“Otra de mis preguntas o inquietudes —continúa Julio— era que con mis hijos no comparto el apellido, tienen el apellido de su papá fallecido. Esta inquietud había surgido tiempo atrás cuando caí en cuenta que mi nombre y mi apellido no sería heredado y se perdería en poco tiempo. La respuesta de Dios fue:


«Tus hijos ocuparán el trono de tus ancestros; los pondrás por príncipes en toda la tierra. Haré que tu nombre se recuerde por todas las generaciones» (vv.16-17).


“Quedé maravillado de la respuesta de Dios,” —nos comentó Julio en la clase. Y por supuesto que todos quedamos también maravillados con la forma en que Dios nos responde a través de su Palabra: En este caso no sólo un tema, ¡sino dos en el mismo texto!— “Así es como yo te veo”—me estaba diciendo Dios— “y tu nombre no se perderá, se recordará por todas las generaciones.”


¡Gracias a Dios! Pero eso no es todo, en la próxima reflexión veremos lo que sucedió con Esmeralda esa misma semana.

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