¡Cobra Ánimo!
- Gabriel Miyar

- 25 mar
- 2 min de lectura
Ayer hablábamos de qué sucede cuando, conscientes de haber sido perdonados por completo y con nuestra deuda cancelada para siempre, qué sucede al seguir pecando. ¿Volvemos a endeudarnos? ¿Empieza una cuenta nueva? ¿Habría manera de saldar una cuenta nueva, haciendo venir de nuevo a Jesucristo a derramar su sangre? Esto es completamente absurdo. Por eso podemos estar seguros de que no hay una cuenta nueva. Nadie está anotando nuestros nuevos pecados en una lista. La lista original, llamada en el Nuevo Testamento, “el acta de los cargos en nuestra contra” (NTV), ya fue saldada, de hecho, Pablo dice que fue clavada en la cruz, donde nadie puede desclavarla:
Él anuló el acta con los cargos que había contra nosotros y la eliminó clavándola en la cruz. Colosenses 2:14 (NTV).
Ayer decíamos que no se trata de borrón y cuenta nueva, como si Jesús hubiera perdonado todos tus pecados hasta el día en que lo recibiste en tu corazón y le entregaste tu vida, y a partir de allí empiezas en ceros, y ahora te toca portarte bien para mantener la cuenta limpia. Esto también es absurdo. ¡Para empezar, ni podríamos!
Y es que, una vez que nuestra deuda es cancelada somos trasladados del ámbito legal al ámbito, digamos, familiar; “de lo penal a lo familiar,” dirían los abogados. Ya no somos deudores, ahora somos hijos, con total acceso a la herencia espiritual y a la relación íntima con Jesús.
¿Entonces qué pasa realmente con estos pecados que cometemos ahora? No te condenan otra vez, no te vuelven a hacer deudor, no anulan la obra de Cristo en tu vida.
¿Qué sí hacen?
Sí afectan la calidad de tu relación con Dios.
Sí entristecen al Espíritu Santo:
No entristezcan al Espíritu Santo de Dios con la forma en que viven. Recuerden que él los identificó como suyos, y así les ha garantizado que serán salvos el día de la redención. Efesios 4:30
Sí tienen consecuencias internas y a veces externas, que pueden ser muy fuertes, dependiendo de la ofensa:
Esa es la razón por la que muchos de ustedes son débiles y están enfermos y algunos incluso han muerto. 1 Corintios 11:30
Y requieren de arrepentimiento y confesión (noten el "mis queridos hijos"):
Mis queridos hijos, les escribo estas cosas, para que no pequen; pero si alguno peca, tenemos un abogado que defiende nuestro caso ante el Padre. Es Jesucristo, el que es verdaderamente justo. 1 Juan 2:1.
Señor, me anima saber que tengo toda tu disposición, toda la relación familiar y todo tu poder salvador para llevar una vida agradable a ti.

Comentarios