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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Atravesando el Valle de Sombra de Muerte

Cuando a Job le sucedieron todas las penurias que destrozaron su vida, ustedes saben que lo buscaron cuatro de sus amigos y «durante siete días y siete noches, se sentaron en el suelo junto a Job» (2:13). ¿Vendrá desde aquel lejano entonces la costumbre actual judía de guardar, los parientes cercanos, un luto de siete días —el shiva— cuando al visitar a los deudos se sientan en sillas muy bajitas?


Tal vez como tú y como yo, en su afán de consolar a su amigo Job, los visitantes Elifaz, Bildad, Zofar, y Eliú, lo montonearon con palabras que pretendían explicar o hallar una razón para todo lo que le estaba sucediendo. No tuvieron la sensibilidad de permitirle a Job expresar su dolor, por lo que éste clamó:


«¿Acaso no tengo derecho a quejarme? ¿No rebuznan los burros salvajes cuando no encuentran hierba y mugen los bueyes cuando no tienen qué comer? (6:5)... ¿Creen que sus palabras son convincentes cuando ignoran mi grito de desesperación?» (6:26).


La verdad es que es muy natural que los hijos e hijas de Dios expresemos libremente nuestro dolor cuando estamos experimentando una gran pérdida. Y un buen consejero, o simplemente un buen amigo, sabrá escuchar con paciencia antes de intentar “animar” a la persona sufriente con supuestas explicaciones para su pérdida (¡sobre todo si dichas explicaciones culpan al doliente de su tragedia!)


Para los amigos de Job sin embargo era más importante reafirmar su cosmovisión o su teología que su deseo de ayudar y sostener al amigo caído en desgracia: «Dejen de suponer que soy culpable, porque no he hecho nada malo» — les dice Job (6:29). En la teología de los amigos de Job no cabía la posibilidad de que una persona limpia y recta pudiera sufrir tales calamidades. No contemplaban ninguna otra razón por la cual alguien pudiera sufrir enormemente si no era por ser culpables de algún pecado. Todavía unos dos mil quinientos años después los discípulos de Jesús seguían pensando como este cuarteto de consoladores de Job:


«Mientras caminaba, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. —Rabí, ¿por qué nació ciego este hombre?—le preguntaron sus discípulos—. ¿Fue por sus propios pecados o por los de sus padres?» (Juan 9:1-2, NTV).


Para ellos solamente había una razón para que una persona naciera ciega: el pecado. La única flexibilidad en su teología era que si no fue el propio pecado de la persona ciega (y tal vez porque es difícil imaginarse un embrión pecando), ¡entonces fue el pecado de sus padres! Afortunadamente Jesús ensancha la teología de ellos (ver Juan 9:3).


¿Está tu teología personal impidiéndote ser un mejor consejero, consolador o quizás simplemente un mejor amigo? Tal vez sea tiempo de revisar tu teología.


Gracias por tus comentarios.

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2 comentários


Rafa Lopez
Rafa Lopez
04 de set. de 2023

Buena pregunta, creo que mi tendencia apunta hacia querer encontrar una respuesta y ayudar a resolver...pero creo que por dentro al querer encontrar una respuesta me puedo convertir en juez... Quizá valía mas la pena el decir: Job, no se que esta pasando pero ten otra teja, o yo te rasco donde no alcanzas... ahorita vemos que onda... darle el beneficio de la duda. Desgraciadamente y mas en los hombres, la tendencia es a opinar y resolver... Trataré de escuchar más, y empatizar más antes de dar un consejo o resolver algo que no se me pidió en una situación difícil. saludos !!!😊

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Gabriel Miyar
Gabriel Miyar
05 de set. de 2023
Respondendo a

Ah que buena respuesta amigo! Te felicito

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