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Asomándonos al corazón de Pablo

Foto del escritor: Gabriel Miyar
Gabriel Miyar
19 oct
2 min de lectura

Amada familia, estamos empezando una nueva serie. Se trata de la exposición de La Carta de apóstol Pablo los Gálatas. Probablemente la primera carta que escribió. Es una carta muy difícil para Pablo, pues al leerla podemos captar el estado emocional en el que se encuentra el apóstol al escribir. Es una de las dos cartas donde más se transparentan las emociones de Pablo. No está escribiendo un tratado frío: está sorprendido, frustrado, preocupado, afectuosamente dolido, y hasta exasperado.


«Estoy horrorizado de que ustedes estén apartándose tan pronto de Dios». (1:6).


Pablo llega a decir acerca del que predique otro evangelio: «Que esa persona sea maldita» (1:9).


«¡Ay gálatas tontos! ¿Quién los ha hechizado?» (3:1)… «¿Será posible que sean tan tontos?» (3:3).


«Temo por ustedes. Quizá todo el arduo trabajo que hice entre ustedes fue en vano» (4:11).


«Ustedes no me trataron mal cuando les prediqué por primera vez. 13 Sin duda, recordarán que yo estaba enfermo la primera vez que les llevé la Buena Noticia. 14 Aunque mi condición los tentaba a no aceptarme, ustedes no me despreciaron ni me rechazaron. Todo lo contrario, me recibieron y me cuidaron como si yo fuera un ángel de Dios o incluso el mismo Cristo Jesús. 15 ¿Dónde ha ido a parar el espíritu de alegría y de gratitud que antes tenían? Estoy seguro de que ustedes se hubieran arrancado los propios ojos para dármelos de haber sido posible.»


«¿Ahora me he convertido en su enemigo porque les digo la verdad?» (4:16).


«¡Oh mis hijos queridos! Siento como si volviera a sufrir dolores de parto por ustedes» (4:19).


«Desearía estar con ustedes en este momento para poder hablarles en otro tono, pero estando tan lejos, no sé qué más puedo hacer para ayudarlos.» (4:20).


Desde el comienzo de la carta sabemos que algo ha sacudido profundamente a Pablo. Está asombrado, consternado y exasperado. Su dolor no nace de querer ganar una discusión teológica, sino del temor de perder espiritualmente a personas que ama, porque Le resulta incomprensible que pretendan completar con su propio esfuerzo lo que comenzó por la obra del Espíritu Santo. Sabe que la esencia del evangelio mismo está en juego.


Detrás de su enojo hay un profundo dolor personal. Pablo se siente herido por el deterioro de una relación que había sido tan afectuosa. Vemos la angustia de un padre espiritual que teme perder a sus hijos y casi podemos escuchar su desesperación: “¿Cómo logro que me entiendan?”


Aunque Pablo alberga un débil destello de esperanza para los Gálatas su hostilidad para los infiltrados, revienta en una expresión sarcástica, digna de los Salmos de Imprecación:


«Confío en que el Señor los guardará de creer falsas enseñanzas. Dios juzgará a la persona que los está confundiendo, sea quien fuere» (5:10)… «Cómo me gustaría que esos perturbadores que quieren mutilarlos a ustedes mediante la circuncisión se mutilaran ellos mismos» (5:12). (“¡Quisiera que fueran más allá de la circunsición y se castraran!”).


¿Recuerdas haberlo oído expresarse así? Acompáñanos en esta experiencia inquietante, pero profundamente aleccionadora.

 
 
 

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