Amor que Nace del Evangelio
- Jenny Monteverde
- 28 ene
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3 Siempre oramos por ustedes y le damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 4 porque hemos oído de su fe en Cristo Jesús y del amor que tienen por todo el pueblo de Dios. 5 Ambas cosas provienen de la firme esperanza puesta en lo que Dios les ha reservado en el cielo. Ustedes han tenido esa esperanza desde la primera vez que escucharon la verdad de la Buena Noticia… Colosenses 1:3–8
En Colosenses 1:3–8, el apóstol Pablo eleva una oración de gratitud al escuchar del testimonio de la iglesia en Colosas. Entre todas las virtudes que menciona, hay una que destaca de manera especial: el amor que los colosenses tenían por todos los creyentes. Este amor no era selectivo ni condicionado; era una evidencia clara de que el evangelio había echado raíces profundas en sus corazones.
Pablo nunca había visitado personalmente a la iglesia en Colosas y ellos no recibieron el evangelio directamente de él, sino por medio de Epafras, un colaborador fiel y amado siervo de Cristo. Esto nos recuerda que Dios obra a través de personas comunes que viven el mensaje que predican. Epafras no solo compartió palabras; compartió una vida transformada. Muy probablemente, el amor que caracterizaba a la iglesia era un reflejo del ejemplo que él mismo les había dado.
El pasaje nos muestra que este amor no nació del esfuerzo humano ni de una obligación religiosa. Pablo deja claro que su fe en Cristo Jesús y su amor por los santos nacían de la esperanza guardada en el cielo. Es decir, el amor entre ellos era fruto del evangelio comprendido y creído. Cuando una persona entiende la gracia y el amor de Dios, algo cambia profundamente en su interior. El corazón endurecido es suavizado, el egoísmo es confrontado y comienza a brotar un amor genuino por los demás.
Pablo también afirma que este mismo evangelio está dando fruto y creciendo en todo el mundo. Donde el evangelio es recibido con verdad, produce transformación visible. Una de las evidencias más claras de esa transformación es el amor por los hermanos. No se trata solo de palabras amables, sino de una disposición real a cuidar, servir y caminar junto a otros.
La iglesia en Colosas nos desafía hoy a examinarnos. ¿De dónde nace nuestro amor por los demás creyentes? ¿Es solo una costumbre, o es el resultado de haber sido profundamente tocados por el evangelio? El amor auténtico no se fabrica; nace cuando Cristo transforma el corazón.
“Dios ayúdanos a ser esa comunidad que de verdad este marcada por un amor que fluye de tu gracia, reflejando a nuestro alrededor y en nuestra comunidad el poder del evangelio que nos transforma y nos une.”

Amén 🙏🏼
El evangelio es poder de Dios ❤️