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¡A la Batalla con Valor!

  • William Gurnall (1616-1679)
  • 11 jun
  • 2 min de lectura

Comparte mis sufrimientos como un buen soldado de Cristo Jesús. Ningún soldado en servicio activo se enreda en los asuntos de la vida civil, para poder agradar al que lo reclutó como soldado.”

— 2 Timoteo 2:3-4 (NBLA)


El soldado es reclutado a una vida de servicio activo, y lo mismo el cristiano. La naturaleza misma del llamado excluye una vida de comodidad. Si tu idea era la de ser “un soldado de verano,” considera tu comisión cuidadosamente. Tus órdenes espirituales son rigurosas. Como el apóstol, no quisiera que ignoraras este argumento y por lo tanto te voy a dar una lista de tus directrices.


Aquellos pecados que han estado más cerca de tu corazón, ahora necesitas pisotearlos bajo tus pies. ¡Y que coraje y resolución requiere esto! Crees que Abraham fue probado al límite cuando se le ordenó tomar a su hijo Isaac, “tu hijo único a quien amas” (Génesis 22:2), y ofrécelo con tus propias manos? Sin embargo, eso no se compara con esto: “Alma, toma ese deseo pecaminoso, que es el niño consentido de tu corazón, tu Isaac, el pecado del que pretendes obtener el mayor placer. Pon tus manos sobre él y ofrécelo; derrama su sangre ante mí: atraviesa con el cuchillo sacrificial su mismísimo corazón, ¡y hazlo con alegría!”


Esto es más de lo que puede soportar escuchar el espíritu humano. Nuestro deseo pecaminoso no agachará la cabeza tan pacientemente en el altar como Isaac, ni como el cordero traído mudo al sacrificio. (Isaías 53:7). Nuestra carne gritará con espantosos alaridos, rasgándonos el corazón con su clamor. Si sin duda, ¿quién puede expresar el conflicto, las luchas, las convulsiones de espíritu que debemos soportar antes de aplicar nuestro corazón a esa orden? O ¿quién puede describir la astucia con la cual ese deseo rogará por su vida?


Cuando el Espíritu te convence de pecado, Satanás tratará de convencerte: “es sólo un pecadito —perdónale la vida.” O tratará de sobornar tu alma con un juramento de secreto: “Puedes quedarte conmigo y también con tu buena reputación. No me dejaré ver en tu compañía para no avergonzarte ante tus vecinos. Puedes encerrarme en el sótano de tu corazón, fuera de la vista, si tan sólo me permites de vez en cuando disfrutar de los apasionados abrazos de tus pensamientos y afectos en secreto.”


¡Ánimo, soldado cristiano, levanta la cabeza y lucha con valor respaldado por el gran poder del Espíritu Santo!

 
 
 

1 comentario


Alex Sandoval
Alex Sandoval
12 jun

"pisotearlos bajo tus pies" Amén!

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