Verdadera Satisfacción
- Daniela Orozco

- 12 feb
- 2 min de lectura
No negué a mis ojos ningún deseo
ni privé a mi corazón de placer alguno.
Mi corazón disfrutó de todos mis trabajos.
¡Solo eso saqué de tanto afanarme!
11 Luego observé todas mis obras
y el trabajo que me había costado realizarlas.
Vi que todo era vanidad, un correr tras el viento,
y que no había provecho bajo el sol.
Eclesiastés 2:10-11 (NVI)
El consumismo nos enseña que el único propósito de nuestra vida es producir riquezas para comprar más cosas, aunque sea más de lo mismo que ya tenemos. Este sistema del mundo nos lleva a creer que nuestro valor depende de cuánto tenemos, entre más tenemos más valiosos somos y entre menos tenemos menos valiosos somos.
Además, podemos llegar a percibir de manera errónea nuestra identidad, pues perdemos de vista el diseño de Dios y nos percibimos como alguien que vive para producir. Es decir, nuestra identidad termina en que somos trabajadores.
Esto es un problema importante porque nunca vamos a encontrar una satisfacción real y profunda en nada creado, podemos comprar todo lo que el mundo ofrece y seguir sintiéndonos vacíos y sin propósito. Justamente eso le pasó al autor de Eclesiastés quien era un hombre tan rico que pudo darse el lujo de adquirir absolutamente todo lo que se le antojó, pero terminó sintiendo que todo era un desperdicio y que nada de lo que había logrado valía la pena.
¿Alguna vez te has sentido así? ¿Que nada tiene sentido, que solo vives para trabajar y no encuentras un propósito más profundo para todo lo que haces?
Pienso que una manera de no quedarnos atrapados en el consumismo es recordar nuestra identidad. Nosotros somos hijos de Dios, creados a Su imagen y tenemos el propósito de glorificarlo y vivir una vida plena, tal como Cristo lo prometió. Nuestra esperanza está en el cielo, donde no tendremos ninguna necesidad insatisfecha y donde viviremos plenamente por la eternidad porque podremos ver cara a cara a Dios. Entonces, nada va a producir en nosotros un deseo inalcanzable, pues estaremos satisfechos en lo profundo de nuestro ser al tener una relación cercana con Dios. Mientras llega ese momento, podemos disfrutar de esta plenitud al enfocarnos en Dios y en lo eterno, dejando que las cosas temporales pierdan peso en nuestro corazón.
Señor, que podamos enfocarnos en Ti y que nuestra identidad como Tus hijos sea tan fuerte en nosotros que el deseo por las cosas perecederas pierda cada vez más poder en nosotros. Amén.

Amen