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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Sumisión Radical

Estamos mi familia y yo en Autlán, Jalisco, la tierra de mi suegra, a 24 horas de su fallecimiento. El primer día de la ausencia de alguien es todavía irreal. Pasará un tiempo para asimilar el hecho de que ya no la veremos más en esta vida. Ahorita, parece como que ella anda de visita en otra parte y pronto regresará y la volveremos a ver.


Pero, ya estamos más hechos al ánimo. Cuando Dios no contesta las oraciones como uno esperaba a pesar de estar uno lleno de fe y “creyendo, sin abrigar la menor duda en el corazón de que lo que dice sucederá” (Marcos 11:23), es como estrellarse contra un muro. Queda uno como aturdido, incrédulo de que las cosas hayan resultado como fueron. Se siente una tristeza de “por qué, Señor, no nos concediste lo que te pedimos? ¿Qué te costaba? Y Tú viste que estábamos seguros de que lo harías. Es más, ya estábamos arreglando su habitación para recibirla en casa.”


Más aún, yo me había imaginado toda una situación en la que mi suegra se quedaba en casa con nosotros y que sería un tiempo de sanidad emocional. Había algunos cabos sueltos en la relación entre Yessi y su mami. Nada que deje a Yessi con un desgastante asunto inconcluso. Pero, si hubiera sido una hermosa última etapa. Mucho como lo que ha sucedido entre mi papá y yo en esta etapa de nuestra vida. Eso era lo que yo vislumbraba y fue a lo que tuve que renunciar en estas 24 horas. Estas cosas no son fáciles.


Pero, ahí es donde uno está aprendiendo a realmente a someter sus deseos y visiones de lo que uno espera a la voluntad de Dios. Siento como que es otro nivel de sumisión. Es decir: “Pues yo pienso que esto hubiera estado increíble y que hubiera sido una apta etapa final para esta historia de la familia.” Pero, Dios realmente ve la perspectiva completa. Nosotros estamos viendo sólo una rendijita de la realidad. Es como lo que vemos aquí físicamente sobre la tierra, mientras que Dios ve el universo entero con sus trillones y trillones de localidades.


Parafraseando Romanos 9:20 “¿Quién eres tú, simple ser humano, para discutir con Dios? ¿Acaso el objeto creado puede preguntarle a su creador: «¿Por qué has hecho las cosas en esa forma?»


Quiero aprender esta clase de sumisión a la voluntad de Dios.


¿Y tú?


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