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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Riéndose de Uno Mismo


En cambio, Dios eligió lo que el mundo considera ridículo para avergonzar a los que se creen sabios. Y escogió cosas que no tienen poder para avergonzar a los poderosos. 28 Dios escogió lo despreciado por el mundo —lo que se considera como nada—y lo usó para convertir en nada lo que el mundo considera importante. 1 Cor. 1:27-28 (NTV).


Pueden haber varias razones por las cuales un hogar cristiano no sea divertido. Pero, en realidad sólo hay dos razones primarias de las que se desprenden todas las demás: papá y mamá.


¿Y como se desprenden de estos dos benditos individuos las demás razones por las que un hogar pudiera no ser tan divertido?


Pues, tal vez papá o mamá, o ambos, se toman demasiado en serio. Cuando uno se toma demasiado en serio, se ofende con facilidad y le cuesta trabajo reírse de sí mismo. Y la capacidad de reírse uno de sí mismo es muy importante para crear un ambiente divertido. Sobre todo, porque en un hogar cristiano debemos ser muy cuidadosos de no reírnos de los demás. Esto puede hacerlos sentirse humillados u ofendidos.


Hace un tiempo, en una predicación, hable de un comediante, Nate Bargatze, que solía hacer lo que hacen la mayoría de los comediantes, que es burlarse de la gente para provocar la risa. Se burlaba de los borrachos, de las personas con sobrepeso y una vez hizo una rutina alarmante acerca de trabajadoras sociales asesinadas en la ciudad de Nueva York. Esto último se convirtió en un parteaguas para él. “Recibí un mensaje en Twitter de una chica. Era una prostituta y se había sentido muy, pero muy lastimada por aquella rutina” —cuenta Bargatze— “Me sentí pésimo! Aquí está esta mujer que se siente realmente triste por algo que yo dije. Ese día decidí que jamás lo volvería hacer.”


Bargatze le dio un giro completo a su carrera. Desde entonces sus rutinas se basaron en burlarse de sí mismo. Y quiero decirte, por cierto, que a partir de allí tuvo un éxito rotundo y hoy en día es uno de los más grandes, y más decentes, comediantes. Sabes, yo creo que obtuvo ayuda divina.


Tú y yo no somos comediantes, pero el principio evidente en este testimonio es muy válido. Si queremos hacer un chiste de alguien, hagamos a un lado nuestro orgullo y hagámoslo de nosotros mismos.

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