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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Recuperando el Primer Amor

Bienvenido, bienvenida, a este tiempo de ayuno y oración. Las 7 cartas a las iglesias de Asia en los primeros capítulos de Apocalipsis son muy equilibradas. En ellas Dios balancea felicitaciones con reclamos. Y lo más seguro es que todas las iglesias merecemos felicitaciones y reprensión. Hay una iglesia, la de Laodisea, a la que sólo le tocan reclamos, y otra a la que sólo le tocan felicitaciones, pero a la mayoría les toca una mezcla de ambas cosas.


Cómo buena iglesia imperfecta, seguramente nos tocan ambas recetas. El chiste está en saber qué estamos haciendo bien a los ojos de Dios y qué no estamos haciendo tan bien a los ojos de Dios. En la primera de las cartas, la de Efeso, el mensaje es el siguiente:


Yo sé todo lo que haces. He visto tu arduo trabajo y tu paciencia con perseverancia… Has sufrido por mi nombre con paciencia sin darte por vencido. Pero tengo una queja en tu contra. ¡No me amas a mí ni se aman entre ustedes como al principio! ¡Mira hasta dónde has caído! Vuélvete a mí y haz las obras que hacías al principio. Si no te arrepientes, vendré y quitaré tu candelabro de su lugar entre las iglesias. Apoc. 2:2-5.


Dios reconoce nuestro arduo trabajo y paciencia en las pruebas. Y en verdad mucha de nuestra gente en todos los campus, y en particular los servidores y voluntarios, han trabajado arduamente a pesar de sufrir diversas pruebas, sufrimiento y pérdidas de todo tipo. ¡Damos tantas gracias a Dios por ello!


Tal vez a causa de esas pérdidas y dolor, o por cansancio, o por cualquier otra razón, muchas veces, los creyentes, a pesar de ser fieles y constantes, perdemos ese “brillo en los ojos” que nos caracterizaba en otro tiempo. Empezamos a vivir como “en piloto automático.” Hacemos lo que tenemos que hacer, pero sin el fervor, el entusiasmo y el gozo con el que lo hacíamos. Somos obedientes, pero no apasionados. Hemos perdido la alegría de la vida en Cristo. ¡Pero, la podemos recuperar!


«Señor, gracias por notar el arduo trabajo y el sufrimiento que he soportado, pero éstos me han hecho olvidar mi primer amor. Yo anhelo amarte de nuevo con frescura. No quiero vivir contigo como vive un matrimonio cansado y desgastado, sin el brillo del primer amor. Enciende el fuego de mi amor por ti y por mis hermanos, como al principio.»


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