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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Un Salmo a la Vez

1 Dichoso es quien

no sigue el consejo de los malvados,

ni se detiene en la senda de los pecadores,

ni se sienta en la reunión de los burladores,

2 sino que en la Ley del Señor se deleita

y día y noche medita en ella.

3 Es como el árbol plantado a la orilla de un río

que, cuando llega su tiempo, da fruto

y sus hojas jamás se marchitan.

Todo cuanto hace prospera.

Salmo 1:1-3 (NVI).


Una buena manera de comenzar el año nuevo es leyendo un salmo diario, independientemente del plan de lectura bíblica que tengas. Si haces esto, cubrirás la mitad del año (son 150 salmos). Luego, podrás volver a empezar, para leerlo dos veces en el año o escoger meditar otros libros de la Biblia.


El Salmo 1 es un Salmo de Sabiduría, y como tal, se distingue por contrastar el camino —es decir, la conducta— de la persona recta con la conducta del impío (malo, malvado). El salmo elabora el contraste básico entre los justos y los impíos incluyendo varios contrastes específicos:


Entre el árbol frondoso y la paja seca,

Y entre los verbos “plantado” y “arrastrado” por el viento.

Entre los muchos malvados y el solitario justo.

Entre el consejo de los pecadores y el mandamiento del Señor.


Este salmo introduce el Libro de Salmos entero. La ubicación de este salmo al principio del Libro de Salmos no es accidental. Funciona como una introducción a todo el Libro de Salmos. Por esto mismo, su mensaje de dos caminos, uno recto y otro que lleva a la perdición, tiene significado más allá de las fronteras del Salmo 1.


La primera cosa que nos está diciendo el Salmo 1 es que en cada uno de los 149 salmos restantes debemos de “meditar,” y no sólo “leer” el salmo correspondiente. Debemos detenernos en cada uno y dejar que su mensaje se filtre por completo a nuestro corazón. Para esto, ayuda el leerlo más de una vez a lo largo del día.


De entrada también con esta mención del justo y los pecadores se nos dice que en cada uno de los 150 salmos vamos a tener dos opciones. Seguir el camino recto o el camino equivocado, de hacerle caso al salmo o de no hacerle caso al salmo.


¡Feliz!

No el que camina por donde los malvados,

no el que se detiene con los pecadores,

no el que de plano se sienta en la sección de los cínicos.


Los verbos describen un comportamiento cada vez más habitual:


(1) Camina con ellos y charla mientras avanzan, y luego se separa para seguir su propio camino,

(2) Ahora, se detiene a ponerles atención y considerar lo que hacen,

(3) Finalmente, de plano se sienta a participar en sus actividades pecaminosas.


Feliz el que se deleita en la enseñanza del Señor;

y que día y noche medita en ella.


El lector es invitado a leer la totalidad del Libro de Salmos como una guía para la vida —una vida que el Salmo describe como “feliz”— y una vida feliz se describe como una constante meditación en la Instrucción de Dios (no sólo La Ley, sino toda la Biblia.


¡Te animo a que este año leas todo el Libro de Salmos, un salmo a la vez!


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