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  • Foto del escritorGabriel Miyar

El Espíritu me Cela

En alguna ocasión les había platicado que yo tengo apodos de cariño para el Padre y para Cristo, pero no para el Espíritu Santo. Lo cual es significativo pues creo que evidencia un huequito en mi relación con el Espíritu Santo. No es un hueco tipo socavón, pero es significativo. En el blog del día de ayer yo le llamé al Espíritu Santo mi Inquilino. Obviamente porque vive en mi interior. Pero Inquilino, aunque suena gracioso, no expresa la ternura que yo deseo expresar en mi relación con el.


Esta necesidad de hallar yo una relación más tierna y cariñosa con el Espíritu Santo me trae a la mente una cita en la Carta del Apóstol Santiago, en Santiago 4:5. De hecho es una cita de no muy fácil traducción. La mayoría de las versiones en español son una variante de esta idea: “¿O creen que la Escritura dice en vano que Dios ama celosamente al espíritu que hizo morar en nosotros?” (NVI).


Por el contexto, que nos exhorta, en pocas palabras, a no ser mundanos, la traducción que a mi humildemente me parece más correcta es la de la popular versión inglesa The Living Bible:


“¿O qué crees que quiere decir la Escritura cuando dice: «El Espíritu Santo que Dios nos ha dado para que viva en nosotros nos vigila con celos llenos de ternura?»”


“Celos llenos de ternura.” Me gusta. Describe el hecho de que el Espíritu Santo desea que mi relación con él se caracterice por la ternura y el cariño. Todavía más, tanto es su cariño y su ternura que hasta siente celos de mí. Eso dicen las Escrituras. Es más, eso dicen las Escrituras que dicen las Escrituras. Doble sello de autoridad.


El Espíritu Santo nos cela cuando ve que estamos coqueteando con el mundo, adoptando sus valores y prioridades, sus motivaciones y su manera de hacer las cosas. Y sus celos son el fruto de la ternura de su amor por nosotros. No son celos carnales fruto de la inseguridad. Es el anhelo natural del enamorado de que la persona amada le sea fiel. Esto es lo más natural del mundo. Y esto es justo lo que dice otra versión inglesa: “...«El Espíritu Santo... tiene un fuerte deseo de que le seamos fieles.”


¿Por qué será que muchas veces nos cuesta tanto trabajo entender la Palabra cuando está bien clara? El Espíritu Santo nos cela, dice aquí. El no es indiferente a donde escogemos poner nuestros afectos. Cuando nosotros andamos de mundanotes el Espíritu Santo siente celos. Es como un cónyuge al que le están poniendo el cuerno.


Y yo sé que ni tú ni yo queremos hacerle esto al Espíritu Santo, pero muchas veces nos justificamos pensando que somos débiles y que no podemos enfrentar las tentaciones del mundo con éxito como para vencerlas. Pero, estamos muy equivocados. En nuestro interior reside todo el poder que necesitamos para vencer al mundo y sus tentaciones. En la Persona del Espíritu Santo, que vive en nosotros amándonos con un amor tan intenso que nos cela, tenemos todo el poder y la fuerza para vencer cualquier seducción.


El intenso amor del Espíritu Santo anhelando nuestra total fidelidad es una fuerza que se hará irresistible en la medida en que aprendamos a ceder nuestros deseos y dárselos a él. Hace poco dijimos que somos portadores de la presencia del Espíritu Santo y que nuestra misión primaria en esta vida es aprender a dejarnos guiar por él en cada situación. En la medida en la que podamos percibir esos celos llenos de ternura y responder con arrepentimiento y obediencia, el poder santificador del Espíritu Santo se hará manifiesto nuestras vidas.


Así que, no te des por vencido -no te des por vencida- déjate abrazar por el amor del Espíritu Santo y responde a su ternura con ternura y a su cariño con cariño. Tarde o temprano de esa relación de intimidad surgirá una clase de vida que vence al mundo.


Yo te invito a que percibas los sentimientos del Espíritu Santo dentro de ti y te dejes guiar por las emociones que él expresa en tu interior.


Como siempre, déjame tus comentarios.

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