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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Lo Primero y lo Mejor

Honra al Señor con tus bienes y con las primicias de todos tus frutos. Prov. 3:9 (NBLA).


Con esta cita bíblica entramos a una nueva fase del ayuno. Hemos examinado nuestro corazón en la primera semana. Empezamos a reordenar nuestras prioridades en la segunda semana. En la tercera, y última semana, estamos listos para hablar de darle a Dios lo primero y lo mejor. Le doy gracias a Dios porque has perseverado, y juntos estamos aprendiendo a poner a Dios en el Centro de nuestras vidas.


Ahora, quiero dejar bien claro que Dios no necesita nada de nosotros. El Salmo 50:11-12 dice:


Conozco a las aves de las alturas;

todas las bestias del campo son mías.

Si yo tuviera hambre, no te lo diría,

pues mío es el mundo, y todo lo que contiene.


Aquí Dios prácticamente está diciendo: “Todo este complicado asunto de los sacrificios (ofrendas y diezmos) no es por mí, es por ti.” Dios nos dice: “¡Ah! ¿Pensaste que los necesitaba? No m’ijito, m'ijita, no los necesito. Soy dueño de todo, no necesito nada. De hecho, si Yo pudiera llegar a sentir necesidad, tú serías la última persona a la que acudiría. No me lo tomes a mal, pero no podrías suplirla.” Lo que Dios nos pide, no es por Él, es por nosotros. Para que nosotros vivamos libres de toda forma de avaricia, que es idolatría material.


Génesis 4:4-5 nos narra lo siguiente:


Abel también presentó una ofrenda: las mejores partes de algunos de los corderos que eran primeras crías de su rebaño. El Señor aceptó a Abel y a su ofrenda, pero no aceptó a Caín ni a su ofrenda.


Muchas veces me había preguntado porqué Dios no aceptó la ofrenda de Caín, pero si seguimos la regla del contexto bíblico, en lugar de especular, tenemos nuestra respuesta. Si Abel ofreció lo mejor y lo primero, ese es el contexto en el que hay que ubicar a Caín. Es decir, Caín no ofreció lo mejor ni lo primero de su producto. Aquí radica el rechazo de Dios. Por cierto, Dios no rechazó a Caín, rechazó su ofrenda. Dios es celoso de recibir lo mejor y lo primero. Abel ofreció lo mejor y las primicias del fruto de su trabajo, Caín no. Se quedó con lo mejor.


De nuevo, quiero insistir en que Dios no es un Dios acaparador, mucho menos avaro. Todo esto lo hace por nosotros, para ensanchar nuestro corazón y darnos una vida libre y plena, absolutamente centrada en Él.


«Señor, me has traído hasta este punto para preparar mi corazón para darte siempre lo primero y lo mejor de mi vida en adoración libre y sincera. Enséñame a honrarte con mis bienes y ofrecerte lo primero y lo mejor de mis ingresos. Al hacer esto, sólo estoy devolviéndote lo que me das, pues tú eres el Dueño de todas las cosas y yo sólo soy tu administrador.»


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