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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Las Lenguas y la Confusión Mental


Yo le agradezco a Dios que hablo en lenguas más que cualquiera de ustedes (1 Cor.14:18, NTV).


El domingo en la tarde Yessi y yo fuimos a visitar a mis papás. Los encontramos en la recámara de mi papá viendo la televisión. Nos dio mucho gusto ver a mi mamá bien de salud. Una semana atrás, un medicamento le había causado una baja importante de sodio, al grado de que estuvo muy confundida mentalmente por varios días. En esa condición apenas podía reconocernos a sus hijos, no sabía dónde estaba y confundía sus sueños con la realidad. Además, tenía mucho dolor en sus extremidades. Se encontraba muy mal. Gracias a Dios tenemos su bendición y un buen geriatra que nos dio indicaciones de cómo regresarla a un balance en sus electrolitos.


Debo decir que aún en los momentos de mayor confusión, ella tenía muy presente a Dios y sabía que necesitaba tomarse de Él con todas las fuerzas. Prácticamente, era lo único que coordinaba. Por ejemplo, le pregunté que si tenía ganas de irse con el Señor. Me decía que sí, definitivamente, pero que también quería quedarse aquí un tiempo más para disfrutar a sus hijos y ver que estuvieran bien. ¡Bien tierna!


En fin, el caso es que el domingo la encontramos muy bien, muy lúcida y de buen ánimo. Después de platicar un rato y ponerla al día, nos hizo una extraña petición. Dijo que si podíamos hablar en lenguas. Que en algún momento de su delirio había recurrido a orar en lenguas y había sentido mucha paz. Entonces, nos preguntaba si podíamos orar en lenguas. Nos sorprendió un poquito, así, en seco, pero con gusto accedimos.


Nos pusimos a orar en lenguas y muy pronto el Espíritu Santo se empezó a mover. Mi mamá comenzó a orar en lenguas, con sus ojitos llenos de lágrimas y sintiendo una paz y un gozo sobrenaturales. Mi papá, sentado en su sillón reclinable, oraba también, pero no en lenguas. Y fue un tiempo muy hermoso de la presencia de Dios en el hogar de mis papás. Terminamos abrazados y llorando de gratitud y alegría.


Tal vez conforme uno un va viendo su lucidez mental afectada por la edad y diversos padecimientos, y si ha cultivado uno la presencia del Espíritu Santo, como lo ha hecho mi mamá a través de los años, tiende uno a apoyarse menos en su mente y más en el lenguaje del Espíritu Santo.


¿Qué te hace pensar esto del lugar del don de lenguas en tu vida?

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