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La Patrulla Científica

  • Foto del escritor: Gabriel Miyar
    Gabriel Miyar
  • 27 jul
  • 2 min de lectura

Para alegrar el corazón, buenos perfumes; para endulzar el alma, un consejo de amigos. Proverbios 27:9 (DHH).


El viernes en la mañana me dieron la noticia de qué un amigo muy cercano de la secundaria y prepa había fallecido el día anterior en Cancún, donde vivía. Se llamaba Eduardo Rivadeneyra. Y éramos muy cercanos en aquel entonces. De hecho, éramos nueve chavos el grupito de amigos inseparables. Nos hacíamos llamar La Patrulla Científica por aquella serie japonesa de los años sesentas, Ultramán. Pues todos éramos unos nerds y geeks tipo, guardando humildemente las proporciones, The Big Bang Theory.


El primero de nosotros en fallecer fue una trágica anomalía, pues Paco murió de manera fulminante a los 24 años de edad a punto de terminar la carrera de medicina, de una bacteria en el corazón. Su pérdida fue muy dolorosa pues congeniábamos mucho. Soñábamos que un día íbamos a hacer investigación juntos en el campo de biología molecular. El gigantezco consuelo que me queda es que un buen tiempo antes de su partida le pude compartir del Señor, y para mi sorpresa recibió a Cristo en su corazón con mucha voracidad.


Nos pasábamos tardes enteras, un proyectos teóricos y prácticos y curiosamente éramos populares en la preparatoria marista de Celaya, porque organizábamos rallies de conocimiento en automovil por las calles de la ciudad, con buenos premios. Además, hacíamos campamentos con los chiquitos de primaria, donde les enseñábamos acerca del campismo y a identificar las constelaciones y como orientarse por las estrellas. Veíamos la luna en el telescopio y recogíamos especímenes de insectos y otros bichos. También teníamos otras aventuras. Lo que más nos gustaba era la naturaleza y disfrutamos de acampar cada que podíamos. Era muy divertido —por lo menos para los estándares de una época sin celulares, ni computadoras ni internet.


Lo más curioso de todo es que a raíz de la noticia de la muerte de Lalo, uno de ellos, Goyo, me pidió que hiciera un Chat para reconectar con los que quedamos, después de unos 45 años. Sí, le llamamos al chat… La Patrulla Científica. No sé qué vaya a salir de esto, pero me llama muchísimo la atención que se haya dado precisamente cuando estamos hablando en IPV del tema de la amistad. Me emociona como hace Dios las cosas y estoy a la expectativa de lo que vaya a suceder. Sea como sea, es un indicio de lo importante que es la amistad para Él. Aún si sólo quedará en nostalgia compartida, sería una bendición. Pero, sé que siempre hay más en los planes del Señor.


Señor, haz algo nuevo y fresco en mi vida en este tema de la amistad que nos estás enseñando. No quiero que pase la serie y que yo quede fuera de lo que estás haciendo, amén.

 
 
 

1 comentario


gregorio.juaristi
07 ago

Los tiempos de Dios son perfectos y con la fe en el lograremos llegar a nuestro puerto, guiados por una conciencia recta inspirada en sus palabras y ejemplo de amor y entrega a nuestro prójimo, formando y creando grandes grupos de amistades sinceras en nuestro camino por la vida.

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