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  • Foto del escritorGabriel Miyar

La Búsqueda de Dios

Oh Dios, tú eres mi Dios;

de todo corazón te busco.

Mi alma tiene sed de ti;

todo mi cuerpo te anhela

en esta tierra reseca y agotada

donde no hay agua.

Salmo 63:1


Hace muchos años leí un librito que me impactó mucho. Su autor es A. W. Tozer (1897-1963), pastor, predicador, escritor, editor de revistas, y conferencista. Por muchos años pastoreó la iglesia Alianza Southside en Chicago. El libro en cuestión se llama la Búsqueda de Dios (Athirst for God, lit. Sediento de Dios). Si puedes econtrar un ejemplar te lo recomiendo como pocos libros he recomendado. A lo largo de los años lo he leído varias veces. De hecho, cuando siento que mi devoción a Dios empieza a resecarse, vuelvo a esa breve pero sustanciosa obra.


Una de las primeras cosas que dice Tozer es que cuando un creyente empieza a sentir una mayor necesidad de Dios y el Espíritu Santo lo impulsa a buscarlo, muchas veces los cristianos que lo rodean, le dicen, “¿pero para qué quieres buscar a Dios si ya lo encontraste? Ya eres un creyente, asistes a la iglesia, hasta sirves. ¿Cómo puedes hablar de buscar a Dios?” Tozer dice que estas personas sedientas muchas veces pueden estar de acuerdo, y decir, “tienes razón,” y acto seguido, ¡correr a encerrarse a buscar a Dios!


En un mundo lleno de distracciones y demandas de nuestra atención, de interminables búsquedas alternativas, existe un hambre insaciable en lo más profundo de nuestra alma. Es un anhelo por algo más, algo que trascienda los placeres temporales y efímeros que la vida tiene para ofrecer. Este anhelo, aunque a menudo se suprime o se malinterpreta, es la búsqueda implacable de Dios.


A medida que profundizas en el librito, te encuentras con la convicción inquebrantable de Tozer de que la búsqueda de Dios no es un concepto teológico abstracto, sino una realidad tangible que puedes experimentar si estás dispuesto a buscarlo de todo corazón. Estas palabras resuenan profundamente con tu sed interior, mientras reflexionas sobre tu propia búsqueda implacable de éxito, relaciones y reconocimiento, todas las cuales, buenas en sí mismas, en última instancia te han dejado siempre con ganas de más.


Si tú persistes en tu propia búsqueda de Dios, con la ayuda del librito o sin ella, pero con la Palabra de Dios y la guía de tu propio corazón sediento, algo comienza a cambiar en tu alma. Tus búsquedas diarias ya no tienen el mismo atractivo magnético, y te sientes cada vez más insatisfecho con la superficialidad de tus antiguas aspiraciones. Un anhelo de conexión divina comienza a impregnar cada faceta de tu vida, impulsándote hacia un encuentro transformador con el Dios vivo.


«Señor, hay muchas búsquedas en mi corazón, varias de ellas genuinas; pero, mi mayor anhelo en la vida tiene que ver contigo. Enseña a mi alma a buscarte intensamente.»

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