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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Con esos Amigos...

¿Cuál era la gran lucha de Job? Y me vas a decir:¿Estás loco? ¡Es súper obvio! ¡Job lo ha perdido todo! Su familia, su fortuna, su salud, ¡todo! Sí, por supuesto, pero ¿qué es lo que más lo torturaba mentalmente? Era el antiquísimo enigma que ha venido atormentando a la humanidad moralmente consciente:


¿Qué ganas con oprimirme? ¿Por qué me rechazas, siendo yo obra de tus manos, mientras miras con favor los planes de los malvados (Job).

Es la ancestral pregunta ¿Por qué sufren las personas buenas mientras que las personas malas muchas veces tienen una vida envidiable? Esta pregunta se haya por todas partes en el Antiguo Testamento. El salmo 73 está dedicado por completo a esta cuestion. ¿Para que me esfuerzo por llevar una vida recta y afrontar un sinfín de dificultades y penurias, mientras que los malos e inmorales disfrutan de salud y bienes y una vida sin preocupaciones?


Aquí es donde Job entra en una fase oscura de su sufrimiento. Comienza a atribuirle a Dios intenciones ocultas y crueles:


"Me diste vida y me mostraste tu Amor inagotable, y con tu cuidado preservaste mi vida. Sin embargo, tu verdadero motivo--tu verdadera intención-- era vigilarme, si cometía pecado, no perdonar mi culpa."

La vida que me diste --dice aquí Job-- y todos los cuidados que me brindaste sólo eran para darte el gusto perverso de tenerme bien vigilado esperando atraparme en una falta para negarme el perdón y castigarme.


Aquí Job empieza perder el piso. Su imagen de Dios comienza a distorsionarse y (¿quien puede culparlo? ¿Quién podría arrojar la primera piedra?) Cuando estamos padeciendo una gran cantidad de sufrimiento muchas veces somos tentados a atribuirle a Dios propósitos siniestros.


El dolor hace que se nos olvide la perfección del carácter de Dios. Dicho sea de paso, los amigos de Job al escucharlo hablar así empeoran la situación acusándolo con más saña:


¡Escucha! ¡Sin duda Dios te está castigando mucho menos de lo que mereces!

¡Vaya consoladores! Si su intención era venir a traer alivio y consuelo a su amigo, ¡que pésima manera de lograrlo! Véanlo por ustedes mismos:


¿Acaso él te acusa y trae juicio contra ti porque eres tan piadoso? ¡No! ¡Se debe a tu maldad! ¡Tus pecados no tienen límite!

¡Con estos amigos, ¿quien necesita enemigos?! ya nada más faltaba la intervención del amigo más joven que hasta el momento había permanecido callado. Pero cuando abre sus labios es para decir:


Job, te mereces la pena máxima por tu manera malvado de responder. Pues a tu pecado haz añadido rebelión; no muestras ningún respeto y dices muchas palabras de enojo contra Dios.

Espero que nuestros momentos de sufrimiento tengamos mejores amigos que estos.








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