Estarán Conmigo para Siempre
- Raymundo Villaseñor
- 8 abr
- 2 Min. de lectura
»No dejen que el corazón se les llene de angustia; confíen en Dios y confíen también en mí. 2 En el hogar de mi Padre, hay lugar más que suficiente.[a] Si no fuera así, ¿acaso les habría dicho que voy a prepararles un lugar? 3 Cuando todo esté listo, volveré para llevarlos, para que siempre estén conmigo donde yo estoy. Juan 14:1-3
Estas fueron las palabras de Jesus para sus discípulos mucho antes de que ellos tuvieran que vivir la horrible angustia al ver preso a su maestro, a su amigo, sentenciado a Muerte. el Rey, el Ungido, estaba siendo aparentemente derrotado, la ideas de lo que sucedería estaban siendo destruidas, los planes ya no existían más, la fe en Jesus estaba pasando por la más alta prueba, sin considerar el miedo y el enemigo diciendo que ellos serían los próximos.
La confianza se sentía como defraudada, donde todo parece indicar que el plan perfecto con el que en ocasiones queremos apoyar a Dios se ha venido abajo porque Dios no hizo lo suyo, miles de testimonios de personas buscando agradar a Dios, buscando hacer lo correcto y pareciera que sucede todo lo contrario.
El hombre o mujer que se rinde a Cristo y es sacudido al ver cómo ha dejado de ser responsable en alguna área de su vida, como la depresión y soledad lo han apartado, la pareja que accede a recibir apoyo y sucede lo contrario y terminan separándose, el hombre que por fin tiene la convicción de empezar a diezmar y termina siendo despedido o quebrando su empresa. La familia que se reconcilia y viene ese diagnóstico que parece traer una sombra alrededor.
Con esa angustia volteando al cielo, buscando respuestas, buscando consuelo, buscando entender o comprender la situación, buscando que Dios explique cuál es el plan. En ese estado es difícil de entender y recordar que nuestra confianza y fe están depositadas en algo que va más allá de este mundo.
Familia, cada año que conmemoramos la resurrección no debemos de olvidar que eso ya sucedió y que Cristo hoy mismo está más vivo que nunca, que su reino sigue avanzando conforme sigue enviando a más y más servidores a divulgar el evangelio y que nada de lo que atravesemos nos arrebatará del amor infinito que firmó en la cruz, la promesa que esta tan viva, porque quien la genero aún vive.
¿Acaso hay algo que pueda separarnos del amor de Cristo? ¿Será que él ya no nos ama si tenemos problemas o aflicciones, si somos perseguidos o pasamos hambre o estamos en la miseria o en peligro o bajo amenaza de muerte? 36 (Como dicen las Escrituras: «Por tu causa nos matan cada día; nos tratan como a ovejas en el matadero»[a]). 37 Claro que no, a pesar de todas estas cosas, nuestra victoria es absoluta por medio de Cristo, quien nos amó. Romanos 8 :35-37 (NTV)

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