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  • Foto del escritorGabriel Miyar

En el Silencio y la Quietud, Háblame

Al hombre le parece bueno todo lo que hace, pero el Señor es quien juzga las intenciones. Prov. 16:2 (DHH).


Hemos estado hablando de los impulsos que el Espíritu Santo pone en nuestros corazones a fin de guiarnos. Sin embargo, hay que tener cuidado, pues esos impulsos pueden estar tan equivocados como las primeras impresiones que muchos tenemos de las personas. Por eso, debemos pedir confirmación. Y por eso, tambien, Dios nos invita a trabajar en nuestros defectos de carácter y cultivar un estado de ánimo sano y libre para que podamos notar e interpretar con mayor facilidad los impulsos del Espíritu Santo.


Nos cuesta trabajo distinguir entre nuestra conciencia dada por Dios, pero distorsionada, y la voz pura y convincente de nuestro Señor. El Espíritu de Dios mora dentro de nosotros, pero también moran allí una serie de conceptos equivocados, ansiedades, fobias, complejos y malos hábitos de pensamiento y conducta. Debemos aprender a reconocer la diferencia. Especialmente si no hemos aprendido a cuestionarnos vigorosamente a nosotros mismos.


Ponme a prueba, Señor, e interrógame; examina mis intenciones y mi corazón. Sal. 26:2


Tal vez nunca logres silenciar completamente el ruido en tu cabeza que te dice que hagas sólo lo que tiene sentido para ti. Pero, te puedes entrenar a ti mismo para desacelerar y escuchar al Sabio Espíritu, que tiene un récord perfecto de tener la razón.


Cultiva en particular el silencio y la quietud. El Espíritu Santo a menudo habla en momentos de silencio y quietud. El es el Gran Revelador y quiere desgajar las capas de ideas equivocadas que muchas veces rodean tu corazón. Quiere revelarte tus verdaderas intenciones y deseos para que puedas poner tu alma “en neutral” y llegues a estar dispuesto a realmente adoptar la voluntad de Dios, sea cual sea.


Cuando tomas tiempo para hacer esto, confiando en Dios de todo corazón, las opciones y decisiones se van aclarando y se presentan soluciones nuevas y singulares que no se te habían ocurrido antes.


Aprender a reconocer la voz del Espíritu, a diferencia de la nuestra, es algo que nos llevará tiempo y que definitivamente mejorará con la práctica. Así que, te animo a practicar y practicar.


«Señor, ayúdame a cultivar la presencia de tu Espíritu Santo y los momentos de paz y quietud en los que puedo escuchar su voz. Revela lo que hay en mi corazón, pon a prueba mis intenciones y enséñame a renunciar a todo lo que no sea conforme a tu voluntad. Como dijo mi amado señor Jesús, “no se haga mi voluntad, sino la tuya.” Amén.»

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2 commentaires


miyararturo
17 mai

Amén Pastor 🙏🏼

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Nangy Rodriguez
Nangy Rodriguez
17 mai

Amén 🙏🏻

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