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El Hijo Mayor Regresará

  • Foto del escritor: Gabriel Miyar
    Gabriel Miyar
  • 31 mar
  • 2 min de lectura

Al olivo, que son los judíos, se le cortaron algunas de las ramas, y en su lugar se le injertó el olivo silvestre, que eres tú. Así llegaste a tener parte en la misma raíz y en la misma vida del olivo. Pero no te gloríes, despreciando las ramas naturales. Si lo haces, recuerda que no eres tú quien sostiene a la raíz, sino que la raíz te sostiene a ti. Romanos 11:17-18


Familia, el celebrar la Pascua judía nos recuerda que la raíz que nos sostiene es la historia de los tratos de Dios con el pueblo de Israel. Todavía hoy en día, todos los días, leemos esa historia del intercambio entre Israel y su Dios, una relación la mayoría de las veces conflictiva y algunas veces acertada. Todos los días aprendemos lecciones de la interacción de Dios con Israel. Cada que leemos el antiguo testamento estamos interactuando con esa historia de la relación de Dios con su primogénito que es Israel.


Dice el apóstol Pablo, que esas cosas que sucedieron entre Dios Israel quedaron registradas “para servir de ejemplo y quedó escrito para advertencia nuestra…” (1 Corintios 10:11).


En 1978, tras un fuerte conflicto con mi papá, me fui de la casa. Yo soy el primogénito y mi decisión afectó a todos mis hermanos de alguna forma u otra. Si uno de nosotros había escogido ya no vivir en casa para no seguir bajo la autoridad de mi papá esto abría tida clase de posibilidades para mis hermanos. Pero, mayormente estaban muy tristes y oraban mucho para que yo regresara. Dos años después, Dios respondió sus oraciones y yo regresé a casa, ya convertido y entregado a Cristo.


El pueblo judío rechazó a Cristo como su mesías. Ellos son el hijo primogénito que ya no vive en casa —en la iglesia— porque se salió —O más bien no quiso mudarse a la nueva casa con su Padre— ¡y lo que debemos hacer es orar con un gran clamor para que regrese! Dios nos ha encomendado a Palabra de Vida que oremos para que nuestro hermano mayor regrese a los caminos del padre.


Señor, en estos tiempos tan complicados y de tantos conflictos, oramos para que toques el corazón de Israel y puedan reconocer a Jesús como su mesías y volver a casa, porque como dice Pablo: “Pero si su desobediencia ha enriquecido al mundo, es decir, si su fracaso ha enriquecido a los no judíos, ¡cuánto mayor será la riqueza que su plena restauración producirá!” (Romanos 11:12).

 
 
 

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