Dios Respondió, Pero No Como Yo Esperaba
- Jassiel Estrada
- hace 2 días
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«Después del fuego se oyó el susurro de una brisa apacible.»1 Reyes 19:12 (NVI)
—“Esta semana van a practicar el silencio. Empiecen con unos minutos y vayan aumentándolos poco a poco hasta llegar a diez.”
Esa fue la tarea que nos dejó la maestra Mony en mi clase de Disciplinas Espirituales. Recuerdo haber pensado: “Lo que yo necesito no son diez minutos de silencio… necesito que Dios me responda.”
Justo en esa temporada, mi esposo se había ido a trabajar a otro estado. Una semana después me fracturé el peroné y tuve que irme con mis papás mientras me recuperaba. Mis hijos extrañaban a su papá. Yo también. Lo último que necesitaba era otra tarea.
Necesitaba respuestas.
Quería saber qué iba a pasar con nuestra familia y cuándo terminaría esa incertidumbre.
Pero Dios respondió de una manera que yo no esperaba. No respondió primero a mis preguntas. Respondió a mi corazón invitándome a hacer silencio.
Los primeros días fueron muy incómodos. Descubrí que el ruido más fuerte no estaba afuera, sino dentro de mí. Mi mente no dejaba de correr entre preocupaciones y preguntas que intentaba resolver por mi propia cuenta. Aun así, seguí practicándolo.
Durante mi recuperación simplemente permanecía en silencio delante de Dios. Meses después, cuando pude volver a caminar, comencé a contemplar la creación mientras caminaba. Poco a poco, aquella tarea dejó de sentirse como una obligación y comenzó a convertirse en uno de los momentos que más esperaba de mi día.
No siempre recibía una respuesta, pero siempre regresaba con paz.
Meses después, mientras preparaba una predicación sobre 1 Reyes 19, entendí porqué Dios había usado aquella sencilla práctica para transformar mi corazón. Elías también llegó delante de Dios agotado, decepcionado y lleno de preguntas. Y Dios no comenzó respondiendo ninguna de ellas. Primero lo alimentó, lo dejó descansar y luego se reveló en un suave susurro.
Entonces comprendí que muchas veces llegamos buscando respuestas, cuando Dios quiere regalarnos algo todavía mejor: Su presencia.
Hoy sigo practicando el silencio. Y quiero ser muy honesta: todavía hay días en los que no me sale bien. Mi mente se distrae y esos minutos parecen eternos. Pero he aprendido que el silencio no se trata de hacerlo perfecto, sino de volver, una y otra vez, a la presencia de Dios.
Hoy todavía hay preguntas que siguen sin respuesta. Pero también hay una certeza que sostiene mi corazón cada día: cuando me detengo para estar con Él, descubro que su paz me alcanza, su gracia me abraza y su providencia sigue guiando cada paso que doy, aun cuando todavía no puedo ver el camino completo.
En el silencio no siempre encuentro respuestas… pero siempre encuentro a Jesús. Y descubro que su presencia termina siendo la respuesta que más necesitaba.
Si esta semana decides practicar el silencio, no te desanimes si al principio te cuesta trabajo. No busques hacerlo perfecto.
Simplemente vuelve a Él.
«Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado.» Isaías 26:3 (RVR1960)
Jassiel Estrada (IPV Tepeji)

"¡Wow, qué hermosa palabra! Definitivamente, la palabra de Dios siempre llega a tiempo. Muchas gracias; este mensaje me ha hecho reflexionar sobre lo mucho que tenemos y cómo a veces olvidamos ser agradecidos cuando los pensamientos negativos nos inundan la mente haciéndonos creer que nada bueno pasará. ¡Pero en Cristo somos más que vencedores!"
🙏🏻
Amén!