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  • Foto del escritorGabriel Miyar

¿Cuánto Amas a Dios?

Por Arturo Miyar


Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Deuteronomio 6:5


Querida familia, esta semana estaremos hablando de poner orden en nuestras prioridades. Si nuestras prioridades están desordenadas, es decir, cuando hay cosas que debieran ser lo más importante y están en segundo o tercer lugar, o ni siquiera están en la lista, nuestras vidas no pueden manifestar la plenitud que Dios desea para nosotros.


La prioridad número uno es poner a Dios en primer lugar. Mateo 6:33 (RV’2015) dice: «Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.» Y cuando dice "estas cosas," se refiere a todo lo que viene en el Sermón del Monte: nuestras relaciones, nuestra prosperidad económica, los planes en nuestra agenda. O sea, busca primero el reino de Dios y todo lo demás se acomodará en la lista y se irá cumpliendo en orden de prioridad.


Nuestro texto de hoy dice: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.” Saber cuanto amamos nos puede resultar difícil ya que el amor no sólo son emociones o pasiones, también son decisiones. Saber si amamos a Dios con todo nuestro corazón y alma, puede resultar fácil para algunos que se “enfocan solo en la obediencia,” que, como vimos el sábado, es sin duda un termómetro muy eficaz. Pero todos sabemos que no sólo el amor impulsa la obediencia, también la conveniencia, o el miedo o la manipulación.


“Podemos obedecer sin amar, aunque jamás podríamos amar sin obedecer.” Sin embargo, también menciona: “Ama a Dios con todas tus fuerzas”, y es precisamente aquí en donde creo que podemos reconocer cuánto amamos a Dios.


¿Cuántas fuerzas estás invirtiendo cada día en amar y enamorarte de Dios? ¿Cuánto esfuerzo y tiempo de nuestra agenda apretada estamos invirtiendo en ello? Creo que es fácil para cada uno de nosotros encontrar una respuesta a esta pregunta.


«Te ruego, mi Dios, que amarte sobre todas las cosas sea mi prioridad número uno. Señor Jesús, estoy dispuesto a meditar en cuántas fuerzas le pongo a lo que hago para ti, qué tanto me esfuerzo en darte mi tiempo y mis espacios, y muchas otras cosas importantes. Ayúdame a reconocer que puedo amarte mucho más de lo que lo hago. Ayúdame a dejar que mi corazón se llene de tu amor y también mi alma. Padre quiero amarte con todo mi ser, amén.»


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