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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Cristo-céntricos

Te he visto en tu santuario

y he contemplado tu poder y tu gloria.

Tu amor inagotable es mejor que la vida misma;

¡cuánto te alabo! Salmo 63:2-3


Ayer veíamos Filipenses 3:10 que expresa el clamor, el anhelo dominante del apóstol Pablo. Él desea dos cosas, conocer a Cristo y ser como él, al grado de participar con Cristo aún de sus sufrimientos, no quiere dejar nada fuera que le socave la experiencia de conocerlo bien. Quiere conocer también el poder transformador de su vida de resurrección. Él quiere ser Cristo-céntrico y ser como Cristo. Esto es lo que significa la devoción, la vida dedicada a Dios (godliness en inglés).


—Llevar una vida centrada en Cristo, un estilo de vida que agrada a Dios.

—Buscar ser como Cristo, reflejar su carácter a los demás.


Sólo podemos construir un carácter como el de Dios sobre un fundamento de una devoción absoluta a Dios, de una vida completamente dedicada a él. Dios debe ser el punto focal de nuestras vidas si queremos tener un carácter y una conducta dedicados a Dios.


Muchos trabajamos en la estructura externa del carácter y la conducta sin tomarnos el tiempo de construir el fundamento interno, este triángulo de devoción a Dios. El resultado de esto es un moralismo frío, un legalismo, y lo peor de todo, una rectitud moral propia y orgullo.


Por otro lado, no podemos poner el énfasis solamente en tener una profunda devoción por Dios sin llevar una vida bien estructurada en sus principios, insisto, ambos aspectos, la devoción y el orden en la vida, son necesarios y complementarios. En otras palabras, llevándolo a nuestra vida práctica, no puedo venir a la Iglesia, cantar alabanzas y desbordar mi devoción, si no llevo mis finanzas en orden, o si no amo a mi esposa y a mi familia, o si no pago impuestos, o si no soy diligente en mi trabajo, o si mi boca no ha sido “redimida.”


Pero tú debes ser perfecto, así como tu Padre en el cielo es perfecto. Mateo 5:48


No estamos hablando de una perfección impecable, sino de llevar una vida completa y plena. Sobre el fundamento de todo lo que hemos estudiado en estas 6 semanas entonces podemos trabajar en el carácter cristiano, o sea los frutos del Espíritu Santo.


«Señor, “unifica mi corazón para que tema Tu nombre” (Sal. 86:11); dame intergidad en mi vida entera. Ayúdame a “comprender, junto con todos los creyentes, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo” (Ef. 3:18). Quiero vivir en tu presencia “todos los días de mi vida, deleitándome en [tu] perfección… y meditando” en ti (Sal.27:4). En el nombre de Cristo Jesús, amén.»

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