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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Comenzó de Nuevo

“Pero la vasija que estaba formando no resultó como él esperaba, así que la aplastó y comenzó de nuevo” (Jeremías 18:4).


En la antigüedad, si no es que también hoy en día, no había cerámica de alfarería que no fuera, a la vez, hermosa, además de ser útil. La cerámica que surge de la tornamesa del alfarero está diseñada de una manera artística, formada de una manera estética, pintada y horneada para ser no solamente funcional, sino agradable a la vista. Nosotros normalmente separamos lo útil de lo bello, lo necesario de lo elegante, pero hubo tiempos en la historia cuando lo necesario y lo bello estaban integrados, cuando, de hecho, era imposible separarlos.


Jeremías había visto alfareros trabajar toda su vida, pero esta vez vio algo totalmente diferente —vio a Dios trabajando en hacer un pueblo para su gloria. Personas creadas a la imagen de Dios. Necesarias, pero no solamente necesarias, sino cada una de ellas hermosa. No existe el ser humano que no sea útil y con un papel que jugar en lo que Dios está haciendo. Y no hay un ser humano que no sea único y singular, con una combinación especial de líneas y colores y formas distintas de las de cualquier otro.


Dios nos da forma para sus propósitos eternos y comienza justo aquí. El polvo del cual estamos hechos y la imagen de Dios hacia la cual estamos siendo formados son una misma cosa.


Pero, mientras Jeremías observaba, la vasija se estropeó en las manos del alfarero. “Pero la vasija que estaba formando no resultó como él esperaba, así que la aplastó y comenzó de nuevo” (Jer. 18:4).


Jeremías sabía todo lo que hay que saber al respecto. Él sabía de vasijas echadas a perder —hombres y mujeres con impurezas y defectos que resistían la mano formativa del creador. El se codeaba todos los días con gente que no era útil. Sus imperfecciones hacían que sus vidas chorrearan, sin poder contener ni vino ni agua; una falla en sus proporciones desequilibraba sus vidas y éstas se tambaleaban y se volteaban.


Jeremías siguió observando. ¿Qué haría el alfarero? ¿Patear la tornamesa e irse frustrado? ¿Tiraría la arcilla a la basura e iría a comprar más? Ninguna de estas cosas. “El alfarero simplemente volvía a empezar usando la misma arcilla para hacer otra vasija.” Dios amasa y presiona; empuja y estira. La obra creativa comienza de nuevo, con mucha paciencia, con mucha habilidad. Dios no se rinde. Dios no se deshace de lo que se echó a perder.


A nadie nos gusta empezar de nuevo, pero nos gusta menos ser desechados y no tener otra oportunidad. En mi vida de 44 años de conocer al Señor, él ha tenido que volver a comenzar conmigo más de una vez. No me ha gustado nadita, pero en perspectiva, mi corazón se conmueve de gratitud por la paciencia que ha tenido conmigo y por cada nueva oportunidad. Eso es más fuerte, más intenso, que cualquier frustración o pereza.


«Gracias Señor, por no deshacerte de mi y darme otra oportunidad de ser útil en tus manos y una obra que refleja tu belleza de una manera única y singular.»


205 visualizaciones2 comentarios

2 Comments


miyararturo
Feb 28

La vida quebranta a todos, pero algunos construyen sobre lugares quebrantados 🙏🏼


Gracias Pastor, en sus manos somos constantemente amados y transformados.

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Graciela Del Zoppo
Graciela Del Zoppo
Feb 28

Dios todo lo hace hermoso y sigue moldeandonos una y otra vez, y lo seguirá haciendo, hasta que está vasija que soy quedé perfectamente hermosa para cumplir Su propósito en mi. Gracias Gabriel por esta reflexión 🙏🏻

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