top of page
Buscar
  • Foto del escritorGabriel Miyar

Calientes o Fríos; ¡Jamás Tibios!

Yo sé todo lo que haces, que no eres ni frío ni caliente. ¡Cómo quisiera que fueras lo uno o lo otro! …¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos. Apo. 3:15, 20


Esta carta a la iglesia de Laodicea es muy fuerte. Y si no pensara que todos, en algún momento, podemos caer en la tibieza espiritual la hubiera dejado fuera. ¡Pero, les prometo que mañana tendremos algo de mucho ánimo!


De hecho, la tibieza espiritual es más común de lo que nos imaginamos. Y esto es porque el cristianismo es una “religión” de fervor. Romanos 12:11 dice que los creyentes necesitamos ser “fervientes en Espíritu.” “Fervor” viene de “hervor.” Piensen en agua tan caliente que hierve agitadamente. Se espera de los seguidores de Jesús que seamos gente apasionada, con un corazón ardiente. El Salmo 18:1 dice: «¡Cuánto te amo, Señor, fuerza mía!»


En la serie de TV sobre Jesús Los Escogidos, el personaje de Jesús, muy creíble por cierto, dice en uno de los episodios: “Yo pido mucho de mis seguidores”. Y yo dije, “amén.” Ninguna otra religión espera de sus seguidores que sean gente tan entusiasta y “prendida.” En el cristianismo la falta de entusiasmo es pecado.


Y aquí lo vemos claramente, al Señor le gusta que seamos radicales. Él prefiere que seamos calientes pero, si no, fríos. ¡Jamás tibios! No es que realmente quiera nuestra frialdad espiritual. Es como cuando tu papá te está regañando y te dice: “vete de la casa o quédate, pero, si te quedas, te quedas bien, ¡decídete!” No es que quiera que te vayas, pero a la vez tampoco quiere que te quedes a medias, sin hacer tu parte en casa.


La versión The Message lo pone de una forma... bueno, alarmante:


Estoy enterado de todo lo que haces y sé que no me obedeces del todo, sino sólo un poco. Sería mejor que me obedecieras completamente o que de plano no me obedecieras nada; tú me obedeces un poco, pero yo te rechazaré por completo.


La naturaleza tan radical de esta declaración surge por completo al introducir el verbo “obedecer.” La verdadera prueba del amor es la obediencia (ve Juan 14:15). Esta es una verdad que te pesca del cuello y te sacude hasta que reacciones.


El pasaje culmina con una invitación. Siempre hay esperanza. Jesús nos dice: “¡Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos.” Jesús realmente desea nuestra amistad. Pero, una amistad, entregada y apasionada.


«Señor Jesús, confesamos que hemos sido indiferentes cuando debimos haber tenido corazones ardientes y apasionados. No tenemos excusa. Nos arrepentimos de toda nuestra tibieza espiritual. ¡Te abrimos la puerta!¡Pedimos que tu Espíritu Santo avive el fuego en nuestros corazones!»


485 visualizaciones7 comentarios
bottom of page