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Amistad VS Transacción

  • Carlos Botello
  • 3 ago
  • 2 min de lectura

Jonatán, hijo de Saúl, fue a ver a David en Hores y lo animó a seguir confiando en Dios. 17 «No tengas miedo —dijo—, que mi padre no podrá atraparte. Tú vas a ser el rey de Israel y yo seré el segundo al mando. Esto, hasta mi padre lo sabe». 1 Samuel 23:16-17 (NVI).


Existe una diferencia importante entre una amistad y una transacción:


Muchas veces decimos que somos amigos, pero en el fondo esperamos algo a cambio: atención, reconocimiento, lealtad o el mismo esfuerzo que nosotros damos. Sin darnos cuenta, convertimos la amistad en un intercambio. Si la otra persona responde como esperamos, seguimos ahí; si no, nos sentimos defraudados y hasta bloqueamos a las personas de las redes sociales :/.


Pero la amistad que nace del corazón de Dios funciona de manera diferente, uno de los ejemplos más impactantes es Jonatán. Humanamente, David era su competencia, pues como hijo del rey Saúl, Jonatán tenía el derecho de heredar el trono. Sin embargo, cuando comprendió que Dios había escogido a David, no luchó por conservar sus privilegios, sino que lo protegió, lo animó y fortaleció su confianza en Dios. Incluso le recordó las promesas del Señor cuando David estaba escondido lleno de temor.


Jonatán no preguntó: "¿Qué voy a ganar con esta amistad?" Su alegría era ver que el propósito de Dios se cumpliera en la vida de otro y eso refleja cómo debemos mostrar amistad los hijos de Dios.


Jesús hizo exactamente lo mismo con nosotros. Él no nos llamó amigos porque pudiéramos ofrecerle algo. Al contrario, nos amó cuando todavía éramos pecadores, cuando no teníamos nada que darle a cambio. Como dice Juan 15:13: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos."


Cuando comprendemos esa verdad ocurre algo maravilloso: somos libres para servir sin esperar reconocimiento, para animar sin esperar aplausos, para perdonar sin llevar cuentas y para celebrar el éxito de otros sin sentir envidia.


Entonces cambiamos la pregunta de: "¿Qué puedes hacer por mí?" a preguntarnos: "¿Cómo puedo reflejar un poco de la amistad que Jesús me ha mostrado?"


Sabemos que nunca podremos resolver todos los problemas de quienes nos rodean, pues no somos Dios, pero sí podemos escuchar, orar, acompañar, animar, decir la verdad con amor y permanecer cuando otros se van y eso es suficiente. Y todo esto se puede cuando agarramos la onda de que somos simplemente instrumentos de la gracia de Dios.


Que nuestra meta no sea encontrar personas que satisfagan nuestras expectativas, sino convertirnos en personas que reflejen el amor de Cristo. Porque la verdadera amistad deja de ser una transacción cuando entendemos que ya hemos recibido todo lo que necesitábamos en Jesús. Entonces descubrimos la hermosa libertad de amar... sin esperar nada a cambio.

 
 
 

1 comentario


Alex Sandoval
Alex Sandoval
03 ago

Amen!🙏🏻

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