Amar como Jesús ama
- Lala Gómez
- 14 jul
- 2 min de lectura
“Un mandamiento nuevo les doy: que se amen unos a otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse unos a otros. En esto conocerán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros”
Juan 13:34-35
Amar bien es el objetivo de la vida cristiana y exige que lleguemos a una vida emocional adulta en Cristo, en la cual las recompensas son inmensas e imposibles de calcular.
Quiero compartir con ustedes que la salud emocional se incluyó de forma oficial y transversal en el currículo educativo en México en el año 2017, ¿Es impactante verdad? eso quiere decir que tan sólo tenemos nueve años intentando enseñar a nuestras generaciones la importancia de reconocer y tratar con las emociones como parte importante de su desarrollo integral.
Durante por lo menos un siglo hemos descuidado un tema tan importante como éste, y que por cierto, a diferencia de los modelos educativos nuestro manual de instrucciones LA BIBLIA que se comenzó a escribir 1000 años a.C y durante los siguientes 1500 años habla con claridad sobre cómo debemos de tratar nuestras emociones y cómo cuidar nuestras relaciones.
Generalmente aprendemos muchas habilidades para ser “competentes en la vida” creemos que es suficiente conocer las verdades de la palabra de Dios, memorizar los diez mandamientos o tener los principios básicos de la vida cristiana y llevar a cabo todas las disciplinas espirituales. Y es que en realidad es fácil crecer físicamente y convertirnos en adultos cronológicos, otra cosa muy distinta es crecer hasta convertirnos en adultos emocionales. Podemos tener veinte, treinta o noventa años pero emocionalmente seguimos siendo bebés, infantes o adolescentes emocionales.
No podemos amar bien si no estamos sanos por dentro, Jesús, nuestro modelo único y perfecto de madurez emocional disfrutaba de las personas y disfrutaba la vida. Nuestro nivel de amor hacia las demás personas revela nuestro nivel de madurez. Tres aspectos importantes para considerar para poder amar como Jesús ama:
Reconocer la dignidad y el valor de cada persona, todos sin excepción fuimos creados a imagen y semejanza de Dios y merecemos respeto, dignidad y estima.
Aceptar el conflicto como el camino hacia la verdadera paz, que no nace de evitar problemas, sino de enfrentarlos con amor, verdad y gracia.
Amar sin controlar, sin evitar y sin explotar, las verdaderas relaciones solo pueden existir entre dos personas dispuestas a conectarse en medio de sus diferencias. La evidencia de una vida transformada no es solamente cuánto sabemos de la Biblia, sino cuánto nos parecemos a Jesús en la forma en que tratamos a las demás personas.

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