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  • Foto del escritorGabriel Miyar

Alegría Básica

Derramen lágrimas por lo que han hecho. Que haya lamento y profundo dolor. Que haya llanto en lugar de risa y tristeza en lugar de alegría (Santiago 4:9, NTV).


En Santiago capítulo 4, el apóstol está hablando a la iglesia, animando a sus miembros arrepentirse de tener una lealtad dividida entre Dios y el mundo —lo que llamamos mundanalidad. Nos dice a ti y a mí, si resultáramos culpables de esta actitud, que nos arrepintamos. Por eso habla de derramar lágrimas, de hacer lamento y sentir profundo dolor. Al final del versículo, dice que haya llanto en lugar de risa y tristeza en lugar de alegría.


Mi tema hoy no es hablar de la mundanalidad, ni del pecado, excepto quizás el pecado de no ser más alegres. Lo que quiero señalar es que, según esta cita, cuando pecamos necesitamos arrepentirnos e interrumpir la actitud normal y ordinaria en la que vivimos. Y según esta cita, la actitud normal y ordinaria en la que vivimos es de risa y alegría. ¿Lo puedes ver? “Que haya llanto en lugar de risa y tristeza en lugar de alegría.”


Y no solamente Santiago, el apóstol Pablo también nos anima a vivir siempre alegres. “Estén siempre alegres” (1 Tes.5:16). Lo dice así, en una frase breve y tersa que excluye toda objeción y complejidad. Nuestra actitud básica, a menos que estemos en necesidad de arrepentimiento por algún pecado, como nos dice Santiago, debe ser de alegría. Y cuando estamos en necesidad de arrepentimiento, hagámoslo no solamente de manera sincera, sino también de manera breve y eficaz, y continuemos con el serio asunto de ser alegres y reír en abundancia. “Esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús,” añade Pablo en el v. 18.


Es más, los hombres y mujeres de Dios en la Biblia nos animan a que aún en situaciones de sufrimiento, de prueba y de pérdida sigamos conservando nuestra alegría:


“También nos alegramos al enfrentar pruebas y dificultades porque sabemos que nos ayudan a desarrollar resistencia” (Rom.5:3). Ver también Santiago 1:2 y 1 Pedro 1:6-7.


¿Por qué? Pues, como vemos aquí, por razones prácticas, porque las dificultades nos ayudan a desarrollar carácter. Están diseñadas precisamente para eso. Por lo tanto, esta alegría básica que llena nuestros hogares proviene de la presencia en nosotros de Jesús a cargo de cada aspecto de nuestras vidas, con todo su amor y sus hermosos planes para nosotros.


Sigamos esforzándonos por que nuestros hogares sean lugares donde reina la alegría y la sana diversión.



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