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  • Foto del escritorGabriel Miyar

¡A Salvo!

Pues el Señor pasará por la región para herir de muerte a los egipcios. Pero cuando él vea la sangre en la parte superior y en ambos lados del marco de la puerta, el Señor pasará esa casa de largo. No permitirá que su ángel de la muerte entre en las casas de ustedes y los hiera de muerte. Exodo 12:23


Haciendo a un lado momentáneamente el gozo y el festejo, yo les decía ayer en uno de los hogares donde celebramos la Cena de Pascua, que imaginaran aquellas familias en Egipto cenando la Pascua mientras todo alrededor era muerte y dolor. ¡Una verdadera extinción!


Pero, dentro de esas cuatro paredes tan familiares había una absoluta y total protección. Era un bunker durante el bombardeo Nazi de Londres, o el bombardeo actual de Israel. Una arca en medio del diluvio. La casa de Rahab en Jericó, con su familia reunida, mientras las murallas se desplomaban, literalmente, a su alrededor. La única sección de muralla que quedó una vez que se asentó el polvo, fue la casa de esta chica, con su paño de tela color sangre colgando de la ventana. Un Pablo, en medio del naufragio, diciendo: “Por favor, por su propio bien, coman algo ahora. Pues no perderán ni un solo cabello de la cabeza.” (Hechos 27:34).


Por un momento, pero, de manera muy significativa, sentimos como estamos realmente protegidos por la sangre de Cristo en medio de un país peligroso y un mundo en caos. Después, guardando ese momento solemne en nuestros corazones, continuamos el festejo y la alegría.


“Yoli,” —la anfitriona del hogar— “la verdad muy linda preparó toda una cena muy formal con su vajilla de presumir, y así. ¡Tuvimos un excelente tiempo! En pocas palabras una bendición. Gracias por todas tus instrucciones, sé que fue mucho trabajo pero una idea súper acertada de hacerlo en hogares para abrir la oportunidad a muchos, además el concepto de intimidad. Fue muy cálido. Hasta aquí mi reporte [risas].” Éste es el testimonio de uno de los hogares en los que ya se celebró la cena de Pascua.


“¡Hola a todos! ¡Buen día! Les platico que tuvimos una cena maravillosa, pudimos entender mucho del significado de la Pascua y sus simbolismos con la explicación. Los invitados fueron maravillosos y tuvimos oportunidad de platicar y saber un poco los unos de los otros. Fue una increíble experiencia y me encantó tener a cada uno de ellos en mi casa.” Otra anfitriona comentó: “Hola. Les platico que estuvo súper bonito y nos encantó haber tenido esa experiencia de la cena de pascua por primera vez en mi casa.”


Alguien más me había escrito hace unos días diciéndome: “Sabe Pastor, honestamente no creo que mí esposo quiera dirigir la ceremonia.” La misma persona me dijo ayer: “¡Buenos días! Le comparto que el día de ayer también tuvimos nuestra celebración,” —dirigida por el marido— “Gracias a Dios estuvimos muy a gusto, aunque para ser honesta la ceremonia no nos salió perfecta [emoticón de risita], pero Dios nos respaldó. Todos participaron muy bien.”


Podemos alegrarnos y gozarnos sabiendo que, en medio de las circunstancias difíciles en las que vivimos, estamos protegidos por el amor infinito de Nuestro Salvador Jesucristo.


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